Alguna vez me gustaría quedar conmigo, conocerme en el más
literal de los sentidos
Ir por la calle y encontrarme conmigo misma.
Así podría escuchar mi voz como la escuchan los demás,
podría ver mis gestos, la forma en la miro el teléfono mientras ando
despreocupada por la calle, la cara de concentración que pongo mientras estoy
en el ordenador.
Me gustaría escuchar mi risa, a ver si suena tan estridente
como dentro de mi cabeza.
Tomarme una cerveza conmigo misma y que alguien que no fuera
yo me hablara de mis planes de futuro
Ver si se me nota la ilusión en las palabras.
Me gustaría sentarme conmigo misma en el bus y fijarme en la
forma en la que muevo el pie cuando suena una canción de perreo en el aleatorio
del móvil, y como cuando llevo 45 minutos sentada ya no sé cómo ponerme para
que no me duela el cuello.
Ver esa sonrisa idiota que me sale cuando he quedado con
alguien y lo veo acercarse a lo lejos
Y la frustración y pateticidad cuando pierdo el tranvía en
las narices por las mañanas.
Me gustaría verme dormir a ver si de verdad parezco una
buena chica.
Poder observarme, analizar mis expresiones y comprobar si por detrás se
me nota tanto que nunca me peino.
La cara que pongo al leer o el esfuerzo cuando estoy en el
gimnasio y pienso que voy a volver a casa sin un pulmón.
Como remuevo el café para comerme la espumita o como me
lleno de salsa cuando me como un kebab.
Podría comprobar si es cierto que chillo mucho al hablar o
que no sé ser disimulada cuando me piden que mire a alguien
Y puede que suene pretencioso o de creída pero me gustaría
pasar un día conmigo misma sin ser yo.
Conocerme como me conocen los demás, ver los puntos fuertes
y débiles desde fuera.
Tiene que ser bonito querer conocerse a uno mismo, a riesgo
de que no te caigas bien.
Porque puede que no sea tan genial como me creo o que sea mucho más
de lo que imagino. ¿Quién sabe?
Total, nadie es objetivo con su propia vida

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