lunes, 2 de enero de 2017

Están lloviendo estrellas

Empezar por los lugares que nunca quisiste abandonar.


A veces pienso que quien diga que no ha vivido el amor es porque realmente no sabe lo que es el amor.

No todo es tener un novio con el que cumplir meses, con el que darte un beso de película después de la última uva.

A veces hay cosas intensas,
intensas de verdad,
de las que no sacas fotos,
de las que no cuentas a los demás.

A veces el amor está en las palabras,
en los pasillos que has recorrido mil veces,
lejos de todos los demás,
de los que te pueden verdaderamente tocar.

A veces el amor son noches a escondidas,
mañanas de levantarte antes que el sol,
solo para dar las buenas noches al mejor amigo de la luna.

Es coger a alguien de la mano sin que te vean,
mirarse entre la gente y sonreír,
saber que no existe,
y que por eso es maravilloso.

La magia de los números y el azar,
de las palabras y las notas musicales.

Con el tiempo he aprendido que el amor no son cosas materiales,
no son mensajes dándote los buenos días,
ni noches de sexo sin pensar en nada más.

Que está muy bien compartir el frío,
pero es mejor tener a alguien que no te deje estar helada.

Siempre pensé que mi mayor arrepentimiento fue no tener un amor de esos locos a los quince.

Y lo último que me enseñó el 2016 fue que si que lo tuve, solo que no lo había visto.


Y eso es lo grandioso de todo esto,
que hay cosas que no se ven,
que hay personas que no te tocan,
pero que hay amores mejores que las películas.

Solo, si aprendes a verlos desde otra óptica.

Y ahora si me disculpáis,
voy a volver a enamorarme,
a volver a los pasillos,
a volver a mi pasado.


Prometo volver




Que aún me quedan otros amores por vivir.

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