Cierra, apaga y vámonos.....
Creo que a esto se refieren cuando dicen que maduras, a cuando tomas decisiones que te duelen porque es lo mejor; cuando eres capaz de ser objetivo con tu propia vida, de poner todas las posibilidades en la balanza y acatar el resultado aunque no sea el deseado.
Hay decisiones que se hacen de rogar; están en tu mente, van, vienen, desaparecen un tiempo y luego vuelven a aparecer por alguna esquina y llega un momento que no puedes ignorarlo más y te enfrentas.
Te plantas frente a ti misma y te das cuenta de que hay cosas que es mejor dejarlas pasar, heridas que es mejor dejar curar con el tiempo, amores olvidados que no vale la pena ni arreglar y personas que siempre te acompañaran aunque sean en recuerdos.
Hoy cierro algo importante, mucho, más de lo que la mayoría ni siquiera es capaz de rozar con los dedos.
Mañana espero que cambien algunas cosas que deberían haberse arreglado mucho tiempo y este fin de semana pongo el broche final a una etapa de esas que cuando miras a atrás no puedes evitar recordar con una sonrisa.
Me encantan esos momentos en los que te das cuenta de lo insignificante que es todo y lo mucho que puede afectar algo tan sencillo como una palabra o un silencio...supongo que por muchas etapas que cierre siempre seré la misma ñoña de siempre, con más heridas de batalla y más recuerdos acumulados, pero en el fondo, la misma.
Y me gusta.
Hay muchas cosas que quiero cambiar de mi, pero mi esencia, mi yo básico, ese me encanta, con sus cosas buenas y malas.
Soy lo que soy por mi y por todos los que alguna vez se cruzaron en mi camino, por muy insignificante que fuera la huella de su paso.
Y cuando ande perdida, me refugiaré en mis recuerdos donde siempre seré yo y donde siempre me espera esa sensación en el estómago que te hace sonreír.

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