Todos nos movemos por algo, todos tenemos algo por lo que levantarnos temprano un sábado y acostarnos tarde un miércoles.
Una meta que nos da fuerzas para lograr lo que ni siquiera imaginamos.
Pero, y si la recompensa ya no existiera ¿seguirías intentándolo?
Si una mañana te levantaras y te dieras cuenta de que eso que ansias ya no existe, o lo has conseguido, o comprendes que nunca lo vas a conseguir.
Entonces, ¿ a dónde vas?
¿Qué haces con esas horas despierto?¿con todo ese esfuerzo?
¿Qué haces con toda esa ilusión motor de fuerza inigualable?
Y ese dolor que te invade, ¿qué es? ¿de dónde ha salido?¿ a quién se los has robado?
Tal vez no es dolor, no es una herida o un desengaño amoroso de los que están de moda ahora.
Es algo más complejo.
No.
Es el miedo a no saber qué viene ahora.
A terminar un libro y que el siguiente sea peor.A que te levantes un día y no sepas para qué.
Es verte cara a cara y descubrir que lo que esperabas no es como imaginabas.
Que el esfuerzo a veces gana y otras solo cansa.
Y a lo mejor todos debemos plantearnos qué hace que nos movamos, por qué hacemos las cosas o si deberías cambiar el destino de nuestras sonrisas.
Tal vez lo mejor sea dar la vuelta al reloj de arena. Empezar de cero, buscar otra meta, otro carburante para el alma.
A veces lo que deseamos no es lo que nos hace felices. Si no todo lo que nos ocurre hasta que lo conseguimos.
Por que la felicidad es solo una excusa para perseguir nuestros sueños.

No hay comentarios:
Publicar un comentario