miércoles, 12 de agosto de 2015

Eres recurrente

Coge pluma y papel que el mundo se me queda corto.

Después de tanto tiempo desaparecida no puedo evitar volver con el pasado de la mano.

Con esa afición que estoy cogiendo a cerrar capítulos, a echar de menos y a recorrer mis propias pisadas.

Y es que desde que me obligaron a cumplir los veinte y desterrar la infancia he cogido carrerilla y ya voy sin frenos cuesta abajo.

De todos los pasos que he dado últimamente este verano no llega ni a puntapié de lo rápido que ha pasado; De todo lo que he vivido.

Antes de cerrar los ojos estaba nerviosa, entusiasmada, con toda la ilusión de la que empieza una nueva etapa en todo.

Si miro dos años atrás veo a la sombra de la chica que se iba de casa a un piso, que dejaba los amigos atrás para entrar en una clase nueva, en una ciudad nueva con todo nuevo.

          Bueno pues antes de que entorne los ojos ya habré terminado la carrera.

Si miro dos veranos atrás leo en mi cara la ilusión de un nuevo proyecto, de la oportunidad de formar un clan con la gente que me ha acompañado todos estos años.

             Y ahora preparo mi propia ceremonia de partida.

Es curioso como sin darte cuenta pasas a estar tu al otro lado de la linea.

Dejas de ser tu la que va a clase para ser la que enseña. Dejas atrás el que te digan como hacerte la mochila para ser tu la que ayudes a los más pequeños a guardar su saco después de 15 días.

¿Y qué decir?

Si hace 10 días ni me imaginaba que iba a echar de menos un sitio y unas personas que prácticamente no sabia ni sus nombres.

Pero aquí estamos, estancados, pensando en los recuerdos que ya no se repetirán, en la gente que no volveré a ver y en lo que viene ahora.

Me resulta curioso la facilidad con la que me puedo aislar, como puedo empezar capítulos nuevos y adaptarme a un sitio o a las personas.

    Como puedo llamar hogar a algo que antes ni existía.

Pero más me sorprende lo que me cuesta olvidar, asumir que las cosas no se repetirán, que hay que dejar ir y admitir que todo tiene un momento y que luego solo queda la sombra de lo que fue.

         Lo que ya no será más.


Y solo me salen palabras ñoñas, pensamientos recurrentes de momentos que me hicieron feliz.

No es que no crea en mi futuro, tengo muchas expectativas de las puertas abiertas, pero sencillamente no puedo evitar que me duela pensar que no se puede volver atrás.


Asumir que en la vida no suena dos veces la misma canción


Que siempre hay que bailar hasta que duelan los pies que nadie va a estar ahí para darle al replay



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