lunes, 17 de agosto de 2015

Totalmente fuera de lugar

Siempre he tenido claro cómo quería que fuera mi vida.

Siempre he sabido que quería magia en ella, que quería palabras, que quería ir a la universidad, dar clase a niños y casarme de blanco.

Siempre he querido volver a Galicia
                      y pasar un tiempo perdida en un pueblecito de esos de los libros,


Hace años que tengo claro que me encantaría trabajar de bibliotecaria de un lugar pequeñito, que quiero tener algun día mi propio huertecito y que sería más feliz si fuera capaz de tocar la guitarra.


Si me pongo a recordar, a irme lo más atrás que pueda en mis recuerdos siempre he tenido claro que quería ser profesora y en mis ratos libres escribir libros.

                              Es algo que tengo tan claro como que me llamo Sara Patricia.


Hay muchas cosas que quiero hacer, muchos sitios que quiero visitar, incluso muchos chicos con los que quiero estar: un argentino, un gallego, uno con los ojos verdes, un pelirrojo....

En mi vida tengo tantas cosas planeadas que a veces me ahogo pensando en que no me de tiempo a hacerlo todo.


Pero con el tiempo me he dado cuenta que una carrera se me queda corta, que quiero saber más, tal vez matemáticas, historia del arte, psicología....
               todos son caminos que me llaman.

Igual que me llama el tener un pelo decente, quitarme las gafas, hacer más deporte, quién sabe, lo mismo hasta me da por bailar  (a mi, que soy la persona más arrítmica que te vas a cruzar)


De todos los posibles escenarios en los que me imagino, de todos los lugares y personas con las que espero cruzarme, en mis futuros alternativos siempre hay cosas que están presentes, ya sea aquí o en la otra punta del globo.

Y una de ellas es mi sueño de escribir.

Es curioso, es algo que sé que haré y a la vez hace tantos años que lo tengo abandonado que no sé si es una idea que asumí y la dejé estar.

Desde que empecé a escribir aquí ya no me molesto en pensar historias, en imaginar personajes.

Recuerdo cuando de repente tenía clara una escena, no sabía lo de antes ni lo de después y los personajes ni siquiera tenían nombre pero en cambio ahí estaban.
                      Tan nítidos en mi cabeza como si realmente ese momento existiera.

Hubo un tiempo que eso me consumía.

Me pasaba el día viviendo momentos robados a historias que aún no había escrito.
                            Y realmente me encantaba.


Incluso hubo un tiempo que hasta me aventuré a escribir, a hacer las cosas bien, a detallar a los personajes, los lugares, la historia con sus partes y su final.

                   Y la escribí.

Y recuerdo lo orgullosa que me sentía, como una madre con las notas de su hija iba enseñándosela a todo el mundo.

                    Pero lo dejé.


Y ahora me pregunto, si tengo tan claro que eso es lo que quiero hacer, ¿por qué no lo retomo?

A lo mejor me he vuelto egocéntrica y me he acomodado a escribir solo sobre mi.
A redactar estas líneas sin sentido ni cohesión.

Quizá la única historia que verdaderamente puedo escribir sea la mía
                            Y no sepa cómo afrontarlo.


Tal vez la imaginación la deje atrás, cosa de la adolescencia y todo eso.



O a lo mejor solo estaba madurando las ganas de volver






Quién sabe, lo mismo deba recordar aquellos años y volver a vivir historias que no son mías



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