martes, 20 de junio de 2017
Ni los videos de gatitos.
A veces hay que hablar de fracasos.
De esos momentos en los que lo diste todo y no fue suficiente.
Y el dolor que eso te provoca en el pecho.
Hay días en los que todo sale mal,
en los que te arrepientes de todo lo que has dejado atrás.
Te planteas que por qué tú,
te dan ganas de no volverlo a intentar.
No hay sonrisas que valgan,
no hay ánimos que te sirvan.
Hoy el "tú puedes con todo" no va a cambiar nada.
Será la poca tolerancia al fracaso,
o que a nadie le gusta no llegar a la meta.
Es doloroso, desalentador,
es como un arañazo desde dentro.
Porque no puedes culpar a otro,
porque sabes que es solo cosa tuya.
Y no hay peor juez que tu mirada,
ni peor testigo de tu fracaso que el que te anima desde la grada.
No hay ganas de buscar alternativas,
no hay ganas de levantarse y seguir.
Solo de quedarse hundido, revolcarse en los errores,
pensar en todas las cosas que podían haber sido diferentes.
Dramatizar, exagerar, gritar,
y llorar....
Que las lágrimas no van a cambiar nada,
pero a veces limpian los arañazos.
Porque abajo se está muy solo,
se está muy oscuro.
Aquí no hay luces.
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