Nos hablan mucho de las rachas malas,
de las épocas en las que se ve todo negro.
Todos hemos escuchado alguna vez lo de,
"eres fuerte, mira todo lo que has pasado".
Y el "todo lo que has pasado" siempre son cosas malas,
siempre son momentos que pensaste que no podías más y los superaste.
Y tenemos la falsa creencia de que solo las malas rachas nos enseñan,
que solo aprendemos a base de caídas.
El mal consuelo de decir,
"ya que me he dado la hostia, al menos voy a aprender de la herida"
Pero las buenas temporadas también duelen,
los paisajes bonitos tampoco se olvidan,
Algunas sonrisas también se clavan en el alma,
a veces tardas tiempo en olvidarlas.
No solo se aprende a base de hostias,
a veces las resacas duelen más que los errores.
Y cuesta volver a tu vida de siempre, a las calles de todos los días,
cuesta olvidarte de un amor de verano, de una sonrisa, de una aventura,
de unas vacaciones o de algunas rutas.
Cuesta no pensar en las épocas buenas.
Cuesta no pensar en las personas que se han quedado atrás.
Y yo no sé nada de relaciones, pero siempre he pensado que lo más duro tiene que ser estar todo el día reviviendo momentos y pensando que antes "eras feliz".
Por eso los momentos felices también duelen.
Duele envidiarte a ti mismo,
envidiarte hace unos días, meses o años.
De nuevo duele no volver a atrás.
Y pasas un periodo de luto,
de echarte de menos en aquellos momentos.
Tienes Jet lag emocional.
Y eso es una verdadera putada.

No hay comentarios:
Publicar un comentario