lunes, 25 de junio de 2012

El humo se desvanece, los recuerdos no.


Sentado en la cama lanzó la pelota a la pared y la recojo al primer bote, siempre me ha despejado eso aunque a los vecinos no les haga la misma gracia.
Cansado me levanté y tiré la pelota, cogí un cigarrillo y me asomé a la ventana.
Las mismas vistas de cada noche, los mismos coches que pasan ajenos a ti, esto era la gran ciudad y yo aquí no soy más que un insecto más...
El humo me recuerda tu sonrisa, la que antes podía considerar mía.
Supongo que ya no hay cartas, ni apuestas, que se acabó la partida.
Aún no tengo claro quien de los dos ganó, aunque si este es mi premio a mi que me devuelvan mi dinero...
La cama es más grande sin ti moviéndote como una lagartija mientras duermes, las camisetas parecen vacías sin tu figura en su interior, el café es más amargo sin las risas de recién levantados y la casa esta demasiado silenciosa sin el ruido de nuestros besos...
Esta no fue como en otras ocasiones, no había que elegir entre una cosa u otra, esta vez simplemente no elegimos, o algo menos yo no elegí. No tenía que elegir entre si o no, no era ciencias o letras, arriesgarse o quedarse quieto. Esta vez me concedí el beneficio de la duda, el comodín, el no contestar y dejar las cosas estar.
¿Hice bien? A mi no me lo preguntéis, simplemente estoy fumándome un cigarro cuestionándome mi vida.
¿Me arrepiento? depende del momento, la hora, el día...aunque está claro que no la he superado y eso es lo que más duele; verla cada día en la oficina, escuchar sus buenos días que son buenos solo porque ella está en ellos, saber que está esperando que me rinda que vuelva a sus brazos y aunque lo fácil sería rendirme nunca he sido un chico amante de lo fácil.
Había demasiados obstáculos, demasiados problemas, demasiados contras y pocos pros. Había demasiados demasiados.
Y nuestras miradas se cruzan y ambos sabemos lo que significan, lo que esconden, las noches que guardan como tesoros y me giro y te giras y nuestra vida sigue, haciendo como que somos dos desconocidos que no se mueren por besarse.



Hacemos como que nada de esto importa, como que el comodín fue la mejor decisión. 


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