A veces en nuestras vidas necesitamos un respiro, un momento de dejar de estar en tensión.
Una línea discontinua que nos permita adelantar a eso que nos hace ir torpes y lentos o dejar pasar delante a los que a tienen claras las ideas o simplemente los que van más rápidos que tú.
Nunca he entendido mucho las normas de circulación y ahora por fin empiezo a memorizar y recordar las señales de tráfico, pero las lineas del suelo me parecen curiosas.
Vas por la calle, en un atasco, rodeada de gente: unos con prisas, otros contentos porque vuelven a casa o porque por fin salen de ella, otros enfadados, agobiados y ahí van todos. Titititi en filita india por la carretera, y entonces las lineas discontinuas, todos adelantando y atascos por los dos lados....¡típico!
De pequeña siempre nos adelantaban y cuando preguntaba por qué me contestaba mi padre que no teníamos prisa, que sabíamos cual era el final y no nos importaba llegar antes o después.
Y ahora podríamos decir que voy sola conduciendo mi coche por esa carretera.
No voy literalmente sola, a veces en el asiento del copiloto va una amiga, un familiar, el chico de turno o simplemente mis recuerdos o alguien que en ese momento se merece ese huequecito. En mi coche me gusta llevar mi música, eso siempre, alta a ser posible y cantar sin importar la cara de la persona del coche de al lado. Las ventanas siempre abiertas, aunque me despeine por el viento...
Y puede que no tenga el mejor coche, que no sea el más rápido o el más caro.
Pero al menos, tengo claro cual es mi camino.
Que es lo que voy persiguiendo y lo que me espera al final.

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