miércoles, 20 de julio de 2016

Cuentame un cuento que no me deje dormir

Aullemos

-¿Y si te como a besos?- preguntó el lobo a caperucita en su primera cita.

Justo cuando ella empezaba a quitarse la caperuza observó que toda la vida había soñado con saber que había debajo de aquella capa roja, que había soñado con la historia de cuento de hadas, de final feliz y de perdices para cenar bajo el cartel de "The end"

Y fue entonces cuando comprendió que se había equivocado de cuento, que el solo quería tener una ilusión por la que esperar cada día a que la muchacha pasara por la linde del bosque.

Pero, y ahora que la tenía casi entre sus brazos, ¿qué sería de él? ¿que motivación tendría para tener esos ojos tan grandes si no era para verla mejor?

Y en ese momento, bajo la luz de la lámpara de lectura, el lobo asumió que hay veces que los cuentos es mejor que nunca terminen.

Y que hay historias de amor que encantan sólo porque son imposibles.



A partir de ese día que el lobo se dedicaría a ver pasar cada mañana a la chica de la caperuza soñando con que algún día pueda tener un corazón capaz de quererla mejor.

No hay comentarios:

Publicar un comentario