jueves, 21 de enero de 2016
Siguiente, siguiente, siguiente...
*Chasquea los dedos*
Hace años que escribo, no en sentido literal, quiero decir, sé escribir desde los 5 años que me enseñaron en la guardería cuando mi profesora, ilusa, me enseño a formar palabras sin saber que estaba dando un tonel de pólvora a quien no tardaría en encontrar una cerilla.
Pero hace años que me expreso a través de palabras, que hago cosas.
Y si tuviera que escribir un libro sobre mis 20 años en este mundo lo dividiría en tres capítulos. Sería uno de esos libros que cuando más interesante está de repente te aparece una página en blanco que pone
CAPÍTULO 2
Y te cortan en seco el hilo.
Pues mis 20 años tendrían tres capítulos.
El primero de ellos sería la infancia, donde estarían esos entrañables recuerdos de niña donde se mezclan sueños, historias que has escuchado muchas veces y cosas que crees haber vivido
El segundo de ellos sería toda esa etapa del colegio, el instituto....donde si que estás seguro de los recuerdos, donde podrías pintar personas y situaciones.
Y el tercero está claro que es el ahora, porque toda historia tiene que tener un final. En este caso está claro que es final abierto (dado que no podría escribir mi propia muerte, ya que a día de hoy me alegra no saber cuándo llegará)
Es cierto que es buena idea la metáfora del libro para representar la vida pero, ¿qué marca el paso de un capítulo al otro?
Tengo claro la diferencia entre el capítulo uno y dos pero, ¿en qué momento cambiaron tanto las cosas como para ir del dos al tres?
Nadie madura de la noche a la mañana.
¿Una mudanza?¿La entrada a la universidad?
Nah, realmente pienso que la universidad me cambió, pero la mecha ya se había prendido antes.
¿Entonces?
En qué momento empecé a invertir en experiencias y personas y alejarme de lo banal.
Sé perfectamente en qué momento de mi vida descubrí que el dinero no da la felicidad, en que día y qué lugar me di cuenta de que yo no quería tener mucho dinero, que eso nos hace personas horribles.
Pero, cuándo me di cuenta que vale más un café con una amiga que cualquier otra cosa.
lo que es peor, ¿cuándo empezó a gustarme el café?
En que momento descubrí que viajar también iba conmigo, que no tenía porque dejarlo para los valientes o los ricos, que todos podemos conocer otros lugares aunque sea a varios pasos.
No sé cómo me aleje de algunas personas ni como me acerqué a otras.
En qué momento me di cuenta de que yo también quería hacerme un tatuaje, y morir de frío por las noches subida a unas tacones.
Qué día se me complicó el quedar con alguien y comprobé que a partir de ahora cada momento con los amigos valía mas solo porque costaba más que se diera.
¿Y los sueños?
¿Cuándo abandoné unos, cumplí otros y sustituí otros tantos?
Y un día te ves escribiendo sobre tu pasado, de nuevo con más ganas de futuro de las que deberías y te preguntas qué ha marcado tu vida, qué te ha hecho como eres.
Qué marca el comienzo de otros capítulo, si tu no notas diferencia de un día para otro pero cuando te das cuenta has cambiado el camino, los compañero de viaje, las cosas de la mochila y los zapatos que llevas.
Que hay cosas que permanecen, claro está.
Pero, ¿y todo lo que ha cambiado?
¿Cuándo ha pasado?
Y lo que es peor, ¿estaré preparada si mañana ocurre algo que me haga empezar un cuarto capítulo?
jueves, 7 de enero de 2016
Latidos desafinados (por titular)
A veces me duele el corazón
Esta vez no hablo de metáforas, no es una entrada como las demás en las que camufló entre palabras lo que verdaderamente siento porque escribir que soy imbécil, que estoy feliz o que estoy triste así, a las claras, no va conmigo.
Bueno pues hoy me duele el corazón, así, a las claras.
Sin decorados ni cursilerías.
Algo me aprieta haciéndome pequeñita, me hace sentirme sola y me hace sentirme triste.
Porque a veces la realidad es la que es y no puedes mirar para otro lado.
A veces la realidad es triste, es una pena o hace que estés a las 2 de la mañana hablando sobre que te duele el corazón.
Y qué quieres que te diga, a ti que lo mismo buscabas un texto enrevesado que intentar traducir o unas frases con las que pasar tu madrugada.
Si es cierto que me duele el corazón y una parte de mi llora.
Hay veces que las cosas son como son: crudas, sin adornos y sin anestesia.
Y el por qué pierde significado, total mañana será otro día y pensaré que tampoco es para tanto.
Nunca es para tanto.
Pero esta noche me quedo yo con mi tristeza y sin adornos.
Y a veces la vida real, sin retoques, también nos hace valientes.
Esta vez no hablo de metáforas, no es una entrada como las demás en las que camufló entre palabras lo que verdaderamente siento porque escribir que soy imbécil, que estoy feliz o que estoy triste así, a las claras, no va conmigo.
Bueno pues hoy me duele el corazón, así, a las claras.
Sin decorados ni cursilerías.
Algo me aprieta haciéndome pequeñita, me hace sentirme sola y me hace sentirme triste.
Porque a veces la realidad es la que es y no puedes mirar para otro lado.
A veces la realidad es triste, es una pena o hace que estés a las 2 de la mañana hablando sobre que te duele el corazón.
Y qué quieres que te diga, a ti que lo mismo buscabas un texto enrevesado que intentar traducir o unas frases con las que pasar tu madrugada.
Si es cierto que me duele el corazón y una parte de mi llora.
Hay veces que las cosas son como son: crudas, sin adornos y sin anestesia.
Y el por qué pierde significado, total mañana será otro día y pensaré que tampoco es para tanto.
Nunca es para tanto.
Pero esta noche me quedo yo con mi tristeza y sin adornos.
Y a veces la vida real, sin retoques, también nos hace valientes.
martes, 5 de enero de 2016
Mesa para dos
Yo, mi, me, conmigo
Alguna vez me gustaría quedar conmigo, conocerme en el más
literal de los sentidos
Ir por la calle y encontrarme conmigo misma.
Así podría escuchar mi voz como la escuchan los demás,
podría ver mis gestos, la forma en la miro el teléfono mientras ando
despreocupada por la calle, la cara de concentración que pongo mientras estoy
en el ordenador.
Me gustaría escuchar mi risa, a ver si suena tan estridente
como dentro de mi cabeza.
Tomarme una cerveza conmigo misma y que alguien que no fuera
yo me hablara de mis planes de futuro
Ver si se me nota la ilusión en las palabras.
Me gustaría sentarme conmigo misma en el bus y fijarme en la
forma en la que muevo el pie cuando suena una canción de perreo en el aleatorio
del móvil, y como cuando llevo 45 minutos sentada ya no sé cómo ponerme para
que no me duela el cuello.
Ver esa sonrisa idiota que me sale cuando he quedado con
alguien y lo veo acercarse a lo lejos
Y la frustración y pateticidad cuando pierdo el tranvía en
las narices por las mañanas.
Me gustaría verme dormir a ver si de verdad parezco una
buena chica.
Poder observarme, analizar mis expresiones y comprobar si por detrás se
me nota tanto que nunca me peino.
La cara que pongo al leer o el esfuerzo cuando estoy en el
gimnasio y pienso que voy a volver a casa sin un pulmón.
Como remuevo el café para comerme la espumita o como me
lleno de salsa cuando me como un kebab.
Podría comprobar si es cierto que chillo mucho al hablar o
que no sé ser disimulada cuando me piden que mire a alguien
Y puede que suene pretencioso o de creída pero me gustaría
pasar un día conmigo misma sin ser yo.
Conocerme como me conocen los demás, ver los puntos fuertes
y débiles desde fuera.
Tiene que ser bonito querer conocerse a uno mismo, a riesgo
de que no te caigas bien.
Porque puede que no sea tan genial como me creo o que sea mucho más
de lo que imagino. ¿Quién sabe?
Total, nadie es objetivo con su propia vida
domingo, 3 de enero de 2016
Entre folios
Pausa la vida que tengo que escribir
En estos primeros días del año en el que todo son fotos de la noche del 31, de las comidas y cenas familiares y de buenos propósitos, no hago más que leer frases/fotos motivadores, artículos y videos de estos que te animan a que este 2016 consigas lo que te propongas.
Nos bombardean constantemente con la idea de que puedes alcanzar cualquier cosa que te propongas.
Bueno.... pues yo no lo veo así.
Dime, ¿qué gracia tiene la vida si puedes alcanzar todo lo que te propongas?
¿Dónde esta el esfuerzo por la incertidumbre de si al final llegarás a la meta?
¿Te esforzarías tanto por sacar ese examen si supieras de antemano que lo vas a aprobar?¿rechazarías ese trozo de turrón si alguien te susurrara al oído que no te preocupes que al final este verano el bikini te quedará de lujo?
Y así con todo.
Qué quieres que te diga, yo le veo más magia al hecho de que tengamos imposibles.
Amores que sabes que por mucho que hagas nunca conseguirás, pantalones que por mucho que te mates en el gimnasio nunca te podrás poner, trabajos que por más que te esfuerces nunca lograrás esa palmadita en la espalda que tanto esperas de tu jefe.
Puede que sea una visión triste y gris de la vida pero yo lo veo totalmente al contrario.
Prefiero mirarte a los ojos y pensar que puede que algún día, quién sabe, se te crucen los cables y me veas de forma diferente a saber que sí, que guay, que te conseguiré si me esfuerzo mucho mucho mucho.
Será que a mi me gusta la incertidumbre, el misterio, el no saber si al final el bueno salva a la chica o si se va con el malo de ojos azules.
Llamarme tonta, pero yo cuando salgo a correr no miro la meta, sino el aguantar cada día más.
Si antes de atarme los tenis me dices que voy a correr 4 km se me harán tan sumamente eternos que puede que ni llegue a 3 y medio.
Y así con todo.
¿Cómo pretendes que me ponga a estudiar si de antemano sé que no voy a lograr tal nota?
La gracia de la vida son los imposibles y sobre todo, los improbables.
Los gestos que sabes que no van a ningún sitio pero que te mantienen con vida, las medias sonrisas que no van a ser nunca nada más.
Prefiero dar el 100% de mi en algo solo porque creo en ello en este momento que porque pienso que "puedo lograrlo"
Así que a mi no me digáis que este año voy a conseguirlo todo, no me prometáis un futuro lleno de color que no valora el esfuerzo porque no lo quiero.
Yo quiero un año lleno de imposibles que puede que se vuelvan posibles
O que puede que no lo hagan.
En estos primeros días del año en el que todo son fotos de la noche del 31, de las comidas y cenas familiares y de buenos propósitos, no hago más que leer frases/fotos motivadores, artículos y videos de estos que te animan a que este 2016 consigas lo que te propongas.
Nos bombardean constantemente con la idea de que puedes alcanzar cualquier cosa que te propongas.
Bueno.... pues yo no lo veo así.
Dime, ¿qué gracia tiene la vida si puedes alcanzar todo lo que te propongas?
¿Dónde esta el esfuerzo por la incertidumbre de si al final llegarás a la meta?
¿Te esforzarías tanto por sacar ese examen si supieras de antemano que lo vas a aprobar?¿rechazarías ese trozo de turrón si alguien te susurrara al oído que no te preocupes que al final este verano el bikini te quedará de lujo?
Y así con todo.
Qué quieres que te diga, yo le veo más magia al hecho de que tengamos imposibles.
Amores que sabes que por mucho que hagas nunca conseguirás, pantalones que por mucho que te mates en el gimnasio nunca te podrás poner, trabajos que por más que te esfuerces nunca lograrás esa palmadita en la espalda que tanto esperas de tu jefe.
Puede que sea una visión triste y gris de la vida pero yo lo veo totalmente al contrario.
Prefiero mirarte a los ojos y pensar que puede que algún día, quién sabe, se te crucen los cables y me veas de forma diferente a saber que sí, que guay, que te conseguiré si me esfuerzo mucho mucho mucho.
Será que a mi me gusta la incertidumbre, el misterio, el no saber si al final el bueno salva a la chica o si se va con el malo de ojos azules.
Llamarme tonta, pero yo cuando salgo a correr no miro la meta, sino el aguantar cada día más.
Si antes de atarme los tenis me dices que voy a correr 4 km se me harán tan sumamente eternos que puede que ni llegue a 3 y medio.
Y así con todo.
¿Cómo pretendes que me ponga a estudiar si de antemano sé que no voy a lograr tal nota?
La gracia de la vida son los imposibles y sobre todo, los improbables.
Los gestos que sabes que no van a ningún sitio pero que te mantienen con vida, las medias sonrisas que no van a ser nunca nada más.
Prefiero dar el 100% de mi en algo solo porque creo en ello en este momento que porque pienso que "puedo lograrlo"
Así que a mi no me digáis que este año voy a conseguirlo todo, no me prometáis un futuro lleno de color que no valora el esfuerzo porque no lo quiero.
Yo quiero un año lleno de imposibles que puede que se vuelvan posibles
O que puede que no lo hagan.
jueves, 31 de diciembre de 2015
De mí para mí
2.0.1.5.
A diferencia del día de antes de unas elecciones, hoy sí que es jornada de reflexión.
Hoy es ese día que todos pensamos en lo que dejamos atrás, hacemos autoevaluación de lo que ha ido bien, lo que ha ido mal, lo que queremos cambiar y lo que ojalá que no me lo cambien.
Es el día de ponernos guapos porque a todos nos gusta estar bien para las presentaciones aunque sean de años nuevos.
Hoy escribimos todo lo que nos ha pasado, lo que queremos que pase y que nos encantaría que pasara. Miramos hacia atrás, a los que se fueron, los que ya no están. Los que llegaron y nos recuerdan que lo mejor está por pasar y a los que siempre estuvieron ahí.
A todos nos gusta recordar.
El último día del año, un día que no tiene relativamente nada nuevo, que quitando las 12 uvas poco se diferencia de esas noches en las que bebes hasta perder el sentido. La diferencia es que hoy se bebe para festejar o para olvidar un poquito más fuerte que otras veces.
¿Qué decir de mi 2015? si ya lo habéis dicho todo los demás por facebook o similares.
Empezaste con un dolor de piernas que pensé que ni llegaba a comerme todas las uvas y terminas con un extraño dolor, esta vez nada físico(bueh).
Este año tuve la oportunidad de acercarme a lo quese supone me gusta: los niños.
Las prácticas fueron una gran oportunidad para probarme antes los que en un futuro me juzgarán y para acabarlas con más dudas que nunca pero con muchas experiencias y recuerdos.
Y Enero se cerró por todo lo alto, porque las cosas que empiezan mal, no siempre tienen que acabar mal.
Febrero, a ti: que puta fuiste.
Me enseñaste el efímero calor solo para que viera que también existe el frío.
Marzo fue tan yo, tan melancólico, tan sumido en recuerdos que no volverán que odié -y odio- tanto a los veinte que a veces me desquician las agujas del reloj.
¡Qué injusticia que el tiempo nunca pare de correr!
Abril y mayo pasaron discretos, rápidos, intensos, con sus idas y venidas y con sus subidas y bajadas.
Y antes de darme cuenta ya era verano.
Un verano peculiar, rodeado de personas que fueron de paso pero que, como otras muchas veces, dejaron su pequeña huella.
Un verano con lágrimas de felicidad y orgullo. Un verano de gente que yo ya llamo familia.
un verano ante todo de tiendas de campaña, de sentimientos a flor de piel y de miradas.
Y con el verano, sus ceremonias, sus apretones de mano izquierda y sus abrazos se dejó atrás mucho más que el bikini y unas risas.
Septiembre, con su gran banda sonora real, volvió cargado de ilusión y de buenos propósitos y sobre todo cargado de 30 lobatos dispuestos a enseñarme que nunca hay que dejar de aprender, que los más pequeños nunca te dejan de enseñar algo nuevo.
Y de nuevo el tiempo que no deja de pasar, el pasado que ya no volverá.
Para cuando me fui a dar cuenta octubre, noviembre y diciembre ya eran hojas arrancadas entre enfados, frustración ante la inutilidad humana y una nueva etapa.
Y ahora aquí estamos tu y yo, 31 de diciembre.
Tiene que ser bonito ser el último día del año.
Ese día lleno de buenas intenciones, de ganas de volver a soñar y de gente que realmente quiere dejar todo lo malo atrás.
Tiene que ser bonito ser el final cuando sabes que un "buen" comienzo viene detrás.
Y el 2015 ha puesto mi vida patas arriba.
Dejándome con un futuro aún más incierto, con más responsabilidades, con un nombre nuevo, con una pañoleta vieja, con muchos planes de futuro, con el aprendizaje de que el dinero no da la felicidad pero que todo esfuerzo tiene su recompensa, con mucha gente que ha entrado y sobre todo con gente que ya tenía que salir.
El corazón me ha dado tantos tumbos que realmente siento que este año es cuando ha empezado a vivir y al hígado dejémoslo cogiendo fuerzas.
Y realmente no sé que será de mi esta noche, ni como despediré el 2015.
No sé que me voy a poner, si voy a salir, ni si alguien me enviará ese estúpido mensaje a las 00:00 que todas las treceañeras esperan.
No sé con quién empezaré el 2016 (aunque mi cama parece que ha comprado todas las papeletas), no sé que me deparará enero ni quién estará conmigo para vivir todo lo que me llegue.
Solo sé que el 31 se merece que lo reciba con ganas y con fuerzas
A diferencia del día de antes de unas elecciones, hoy sí que es jornada de reflexión.
Hoy es ese día que todos pensamos en lo que dejamos atrás, hacemos autoevaluación de lo que ha ido bien, lo que ha ido mal, lo que queremos cambiar y lo que ojalá que no me lo cambien.
Es el día de ponernos guapos porque a todos nos gusta estar bien para las presentaciones aunque sean de años nuevos.
Hoy escribimos todo lo que nos ha pasado, lo que queremos que pase y que nos encantaría que pasara. Miramos hacia atrás, a los que se fueron, los que ya no están. Los que llegaron y nos recuerdan que lo mejor está por pasar y a los que siempre estuvieron ahí.
A todos nos gusta recordar.
El último día del año, un día que no tiene relativamente nada nuevo, que quitando las 12 uvas poco se diferencia de esas noches en las que bebes hasta perder el sentido. La diferencia es que hoy se bebe para festejar o para olvidar un poquito más fuerte que otras veces.
¿Qué decir de mi 2015? si ya lo habéis dicho todo los demás por facebook o similares.
Empezaste con un dolor de piernas que pensé que ni llegaba a comerme todas las uvas y terminas con un extraño dolor, esta vez nada físico
Este año tuve la oportunidad de acercarme a lo que
Las prácticas fueron una gran oportunidad para probarme antes los que en un futuro me juzgarán y para acabarlas con más dudas que nunca pero con muchas experiencias y recuerdos.
Y Enero se cerró por todo lo alto, porque las cosas que empiezan mal, no siempre tienen que acabar mal.
Febrero, a ti: que puta fuiste.
Me enseñaste el efímero calor solo para que viera que también existe el frío.
Marzo fue tan yo, tan melancólico, tan sumido en recuerdos que no volverán que odié -y odio- tanto a los veinte que a veces me desquician las agujas del reloj.
¡Qué injusticia que el tiempo nunca pare de correr!
Abril y mayo pasaron discretos, rápidos, intensos, con sus idas y venidas y con sus subidas y bajadas.
Y antes de darme cuenta ya era verano.
Un verano peculiar, rodeado de personas que fueron de paso pero que, como otras muchas veces, dejaron su pequeña huella.
Un verano con lágrimas de felicidad y orgullo. Un verano de gente que yo ya llamo familia.
un verano ante todo de tiendas de campaña, de sentimientos a flor de piel y de miradas.
Y con el verano, sus ceremonias, sus apretones de mano izquierda y sus abrazos se dejó atrás mucho más que el bikini y unas risas.
Septiembre, con su gran banda sonora real, volvió cargado de ilusión y de buenos propósitos y sobre todo cargado de 30 lobatos dispuestos a enseñarme que nunca hay que dejar de aprender, que los más pequeños nunca te dejan de enseñar algo nuevo.
Y de nuevo el tiempo que no deja de pasar, el pasado que ya no volverá.
Para cuando me fui a dar cuenta octubre, noviembre y diciembre ya eran hojas arrancadas entre enfados, frustración ante la inutilidad humana y una nueva etapa.
Y ahora aquí estamos tu y yo, 31 de diciembre.
Tiene que ser bonito ser el último día del año.
Ese día lleno de buenas intenciones, de ganas de volver a soñar y de gente que realmente quiere dejar todo lo malo atrás.
Tiene que ser bonito ser el final cuando sabes que un "buen" comienzo viene detrás.
Y el 2015 ha puesto mi vida patas arriba.
Dejándome con un futuro aún más incierto, con más responsabilidades, con un nombre nuevo, con una pañoleta vieja, con muchos planes de futuro, con el aprendizaje de que el dinero no da la felicidad pero que todo esfuerzo tiene su recompensa, con mucha gente que ha entrado y sobre todo con gente que ya tenía que salir.
El corazón me ha dado tantos tumbos que realmente siento que este año es cuando ha empezado a vivir y al hígado dejémoslo cogiendo fuerzas.
Y realmente no sé que será de mi esta noche, ni como despediré el 2015.
No sé que me voy a poner, si voy a salir, ni si alguien me enviará ese estúpido mensaje a las 00:00 que todas las treceañeras esperan.
No sé con quién empezaré el 2016 (aunque mi cama parece que ha comprado todas las papeletas), no sé que me deparará enero ni quién estará conmigo para vivir todo lo que me llegue.
Solo sé que el 31 se merece que lo reciba con ganas y con fuerzas
Ya tendré tiempo para pelearme en ver de qué color pinto los otros 365 días
martes, 22 de diciembre de 2015
Somos el tiempo que nos queda
Querido 2015
Querido año, ahora que te vas, que esto se termina y que sé que no volverás me paro a pensar, a echar la vista atrás y a recordar todo lo que me dejas.
Aún no ha pasado el tiempo suficiente para que te eche de menos, para que sea capaz de mirarte desde lejos, con perspectiva y recordarte con ese cariño con el que recordamos las cosas que sabemos que no van a volver.
Es cierto que no has sido el mejor año, tampoco el peor.
Noviembre fue una puta, pero bueno, a eso ya estoy acostumbrada.
Algunos de tus martes fueron especialmente cuesta arriba y febrero empezó con un calor en el pecho que terminó siendo hielo.
Contigo he sudado, real y metafóricamente, más que nunca.
He sufrido en forma de apuntes que ni siquiera eran para mi y he disfrutado del orgullo de conseguir las cosas por tu propio esfuerzo.
Este año me he pegado las que yo creo que han sido las mejores fiestas de mi vida y las siestas más amorosas en compañía gatuna.
Obviemos el hecho de que tener un gato me ha hecho la persona más feliz del mundo, porque si solo me fijara en eso habría sido el mejor año de mi vida por goleada.
Cuando empezó el año me propuse aprovecharte al máximo, no dejar nada por probar, no quedarme con la duda del ¿y si.....?
Bueno, el resultado no ha estado mal; algunas hostias, que se compensan con lo bueno que he sacado de todo eso.
Este año he dicho muchas veces adiós, a veces esa despedida era necesaria y otras ha sido impuesta.
Pero también me ha enseñado a valorar los reencuentros.
Sin duda ha sido un año de tener momentos en los que no te cabe más felicidad en el pecho.
He podido escuchar a varios de mis grupos favoritos y por mucho que intente explicaros lo que es cantar a gritos tu canción favorita rodeada de una masa de gente feliz hay cosas que tienes que vivir para entenderlas.
He aprendido a vivir en soledad más que nunca, a valorar mi simple compañía y a asumir que solo cuando yo sea capaz de quererme al 100% será el momento de compartirme.
También he dicho muchas veces que no, ¡y Dios que bien sienta cuando lo haces de corazón!
He escogido mi camino de la horquilla dejando atrás una etapa maravillosa de la mejor forma y he ganado 30 personitas que me están enseñando cada día cosas nuevas.
He colgado mi pañoleta tricolor que paso a ser roja para volver a ser la de siempre.
He llorado de alegría, incluso cuando sé que técnicamente eso no existe.
Bailé, bailé mucho.
Bailé borracha, bailé en compañía y bailé sola cuando nadie me veía.
Bailé en mi habitación con la música a tope y también me bailó brevemente el corazón.
Y aunque no todo ha sido bueno, aunque hay cosas que no van a volver y nunca superaré el que el pasado no vuelva, sé que te vas dejándome muchas cosas buenas, muchas experiencias y el aprendizaje de que en la vida lo que importa no son las cosas que conseguimos, las notas que sacamos, el dinero que tenemos....lo que realmente importa son las personas con las que compartimos lo que tenemos, los momentos que vivimos y los lugares que visitamos.
Así que ahora que esto se acaba, toca proponerse cosas bonitas
y sobre todo esperar con ilusión que lo que venga en el 2016 sea, por lo pronto, tan fantástico como lo que se lleva el 2015.
Querido año, ahora que te vas, que esto se termina y que sé que no volverás me paro a pensar, a echar la vista atrás y a recordar todo lo que me dejas.
Aún no ha pasado el tiempo suficiente para que te eche de menos, para que sea capaz de mirarte desde lejos, con perspectiva y recordarte con ese cariño con el que recordamos las cosas que sabemos que no van a volver.
Es cierto que no has sido el mejor año, tampoco el peor.
Noviembre fue una puta, pero bueno, a eso ya estoy acostumbrada.
Algunos de tus martes fueron especialmente cuesta arriba y febrero empezó con un calor en el pecho que terminó siendo hielo.
Contigo he sudado, real y metafóricamente, más que nunca.
He sufrido en forma de apuntes que ni siquiera eran para mi y he disfrutado del orgullo de conseguir las cosas por tu propio esfuerzo.
Este año me he pegado las que yo creo que han sido las mejores fiestas de mi vida y las siestas más amorosas en compañía gatuna.
Obviemos el hecho de que tener un gato me ha hecho la persona más feliz del mundo, porque si solo me fijara en eso habría sido el mejor año de mi vida por goleada.
Cuando empezó el año me propuse aprovecharte al máximo, no dejar nada por probar, no quedarme con la duda del ¿y si.....?
Bueno, el resultado no ha estado mal; algunas hostias, que se compensan con lo bueno que he sacado de todo eso.
Este año he dicho muchas veces adiós, a veces esa despedida era necesaria y otras ha sido impuesta.
Pero también me ha enseñado a valorar los reencuentros.
Sin duda ha sido un año de tener momentos en los que no te cabe más felicidad en el pecho.
He podido escuchar a varios de mis grupos favoritos y por mucho que intente explicaros lo que es cantar a gritos tu canción favorita rodeada de una masa de gente feliz hay cosas que tienes que vivir para entenderlas.
He aprendido a vivir en soledad más que nunca, a valorar mi simple compañía y a asumir que solo cuando yo sea capaz de quererme al 100% será el momento de compartirme.
También he dicho muchas veces que no, ¡y Dios que bien sienta cuando lo haces de corazón!
He escogido mi camino de la horquilla dejando atrás una etapa maravillosa de la mejor forma y he ganado 30 personitas que me están enseñando cada día cosas nuevas.
He colgado mi pañoleta tricolor que paso a ser roja para volver a ser la de siempre.
He llorado de alegría, incluso cuando sé que técnicamente eso no existe.
Bailé, bailé mucho.
Bailé borracha, bailé en compañía y bailé sola cuando nadie me veía.
Bailé en mi habitación con la música a tope y también me bailó brevemente el corazón.
Y aunque no todo ha sido bueno, aunque hay cosas que no van a volver y nunca superaré el que el pasado no vuelva, sé que te vas dejándome muchas cosas buenas, muchas experiencias y el aprendizaje de que en la vida lo que importa no son las cosas que conseguimos, las notas que sacamos, el dinero que tenemos....lo que realmente importa son las personas con las que compartimos lo que tenemos, los momentos que vivimos y los lugares que visitamos.
Así que ahora que esto se acaba, toca proponerse cosas bonitas
y sobre todo esperar con ilusión que lo que venga en el 2016 sea, por lo pronto, tan fantástico como lo que se lleva el 2015.
lunes, 14 de diciembre de 2015
Chirría
Quise jugar a juegos de mayores y me di cuenta que estaba en otra liga.
Intenté dejar la mente en blanco y sentir, dejar atrás los pensamiento y a lo único a lo que le quité el color fue a mi sonrisa.
Me miré a los ojos a ver si en ellos me encontraba y ví mareas y huracanes que se avecinaban con sus ganas de cambiarlo todo.
Sufrí dislexia emocional al confundir un error con el clavo que me arreglara los problemas.
Olvidé que la vida está llena de demasiadas cosas maravillosas como para andar tonteando con la absurda idea de que puedes controlar el futuro.
De nuevo te busqué en los pasillos, en los autobuses y ventanas llenas de polvo que no dejaban pasar la luz
Tonteé con el fuego y me quemé
Y por encima de todas las cosas me convencí que podía crear un sentimientos sobre unas cenizas aún sin recoger
De nuevo, qué equivocada estaba
Intenté dejar la mente en blanco y sentir, dejar atrás los pensamiento y a lo único a lo que le quité el color fue a mi sonrisa.
Me miré a los ojos a ver si en ellos me encontraba y ví mareas y huracanes que se avecinaban con sus ganas de cambiarlo todo.
Sufrí dislexia emocional al confundir un error con el clavo que me arreglara los problemas.
Olvidé que la vida está llena de demasiadas cosas maravillosas como para andar tonteando con la absurda idea de que puedes controlar el futuro.
De nuevo te busqué en los pasillos, en los autobuses y ventanas llenas de polvo que no dejaban pasar la luz
Tonteé con el fuego y me quemé
Y por encima de todas las cosas me convencí que podía crear un sentimientos sobre unas cenizas aún sin recoger
De nuevo, qué equivocada estaba
Suscribirse a:
Entradas (Atom)





