sábado, 24 de septiembre de 2016

Por lo(s) que he perdido

De nuevo me veo echando la vista atrás

Este verano he aprendido muchas cosas.

He aprendido lo que es trabajar más de 8 horas diarias
y a valorar el poco tiempo que te queda libre.

He aprendido lo que es levantarte temprano y morirte de calor
mientras todos están en la playa solo por poner tu granito de arena.

He aprendido que las fronteras no siempre son lo que creemos
y que puedes encontrar un amigo donde menos te lo esperas.

He aprendido que a veces merece la pena dormir poco
por vivir más.

También he aprendido que a veces es más lo que nos une
que lo que nos diferencia.

Y que al final, todos somos personas.

He aprendido lo que es culminar un proyecto
después de trabajar en él todo el año.

He aprendido lo que es verdaderamente trabajar en equipo
y lo increíble que es alcanzar algo todos juntos.

He aprendido que a veces por mucho que te preocupas porque algo salga bien,
a veces irremediablemente sale mal.

Que a los problemas soluciones y que los niños nunca dejan de enseñarte.

He aprendido que a veces hace falta alejarse para tomar perspectiva,
que nunca las cosas son lo que parecen.

He aprendido a estar a un lado y al otro,
pero que nunca tienes que quedarte en medio.

He hecho muchos kilómetros.
de distancia y de corazón.

Supongo que también me he perdido un poco,
pero me he encontrado en otras personitas.

Este verano he sido profesora, estudiante, traductora, scouter, bagheera, diosa griega, árbol de la sabiduría, brujo, miembro del team rocket, monitora, pinche de cocina, amiga a distancia e hija desaparecida.

Supongo que es normal que habiendo sido tantas cosas me haya olvidado un poquito de ser yo.

Y es que me he alejado tanto de mi zona de confort que he sido otra en otra zona, supongo que he tenido que volver a conocerme.

Y ha sido confuso, a ratos bastante difícil

Pero ahora que estoy sacando los pantalones largos, quizá tenga que guardar a esa otra yo con la ropa de verano.

Supongo que es momento de volver a ser solo Sara.

Ser solo compañera de piso, amiga, estudiante estresada e hija los fines de semana.

Y es que cuando tienes 21 años es difícil no equivocarte, incluso cuando crees que sabes hacerlo todo.

Es difícil que no te supere la situación, que no te pesen los kilómetros fuera de casa aunque sean los últimos 30 minutos antes de irte al saco a dormir.

Nadie es perfecto y mucho menos voy a serlo yo.

Y supongo que ahora que no soy nada de lo que fui este verano y me encuentro frente a frente conmigo misma,
ahora que vuelvo a ser esa que da mil vueltas a lo errores cometidos, tal vez sea momento de enterrar lo malo, aun cuando suponga llevarse parte de lo bueno para poder seguir sumando momentos.

Porque cuando las hojas caen a todos nos vuelven nuestros demonios.

Y no queda más que lidiar con ellos, tener presente lo aprendido


Resultado de imagen de perdón

Y tener claro que aún queda demasiado por aprender, sobre todo a perdonar(se)


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