Abriría la ventana, pero tengo miedo de que la vida se me escape volando.
Últimamente me siento en otra piel, como si todo este agobio, esta vida sin frenos y esas prisas por producir y producir hubieran reducido mi ser a una pequeña personita, ahora escondida en un rincón de mi.
Y siento mariposas.
No creo que sean las famosas mariposas de amor, las de los poemas y las letras empalagosas de las canciones de radio.
Pero se mueven.
Son esos nervios cada noche, tal vez por no saber qué vendrá mañana.
Tal vez porque sé que nadie vendrá mañana.
Y algunas noches, bajo las no suficientes pesadas mantas recreo ese pasado que nunca tuve, y ese futuro que ya no tendré.
Busco la inspiración en brazos equivocados.
Eso me repito en cada semáforo.
Pero aquí estamos, yo escribiendo frases sin sentido y tu intentando entenderlas.
En el fondo pienso que es decepción.
Decepción de mi, que ya no soy la de antes.
De ti que ni siquiera existes.
O de todos que dan lugar a mi existencia.
Solo sé que no soy yo, porque yo nunca he buscando en el fondo de una mirada lo que sé que no está en el fondo de mi colacao de por la mañana.
La culpa es de mi cama de matrimonio, que da dolor de cuello y me recuerda que podríamos ser dos.
Y lo cierto es que en noches como esta sé que no dormiré sola, que la musa, esa que te inspira dormirá conmigo, como esos copos de nieve que salen en las escenas de los besos de las películas de amor de navidad.
No sé, quizá pida un poco de cordura por reyes.
Con la esperanza de que se equivoquen y me traigan todo el caos que pueda caber en un frasco
Porque hace tiempo que no leo, e intento buscar lo que me faltan en los espacios de las palabras de amor vacías que veo en todos lados.
En esos iconos que no muestran el dolor que a veces me acompaña, y esa sonrisa idiota cuando me hablas.
Pero si yo no sé lo que quiero, ¿cómo vas a saberlo tú, que ni siquiera existes?
Apareces en los versos de las canciones que son la banda sonora de mis autobuses
y desapareces cuando intento volver a escucharte.
Te conviertes en falsas promesas, en nuevos intentos y en fracasos salados.
Apareces en forma de muerte que siembra el miedo, y como un dementor te evaporas cuando me acerco al chocolate.
Yo solo sé que no soy yo.
Que esto no tiene sentido,
ni dirección, ni destino.
Repiten que la vida es del color que la pintes, y yo siempre me salgo de las lineas al colorear.
Que el que la sigue la consigue, y a mi solo me sigue mi sombra.
Que los amores reñidos son los más queridos, pero yo solo me peleo con mi reflejo.
No sé si quiero volver atrás, si quiero quedarme aquí o dejarme llevar.
Porque estoy marchita de ver como nadie se esfuerza ya en el amor, como la gente no cuida las amistades, como las pirámides de naipes se vuelan.
Y esta noche te espero entre mis sábanas.
Puedes traer a la locura, prometo hacerle hueco.
lunes, 1 de diciembre de 2014
martes, 11 de noviembre de 2014
Hundidos pero a flote.
Es asombrosa la vida
Ese poder de que de un momento a otro en algún lugar del planeta esté naciendo un nuevo ser
Y a la vez, en ese mismo instante, en la otra punta del globo se esté apagando la mecha de otra persona.
"Todos vamos a morir"
Eso es una certeza que todos tenemos.
Algo que desde pequeños sabemos.
Nadie se cuestiona que todos vamos a morir, nadie se plantea nada con relación a esa verdad.
Es algo más cierto incluso que dos más dos son cuatro.
Entonces, ¿por qué si todos sabemos que vamos a morir nos afecta tanto la muerte?
Sea nuestra, de alguien cercano o de una persona que ya nunca tendremos la suerte de conocer.
Simplemente porque crecemos con la idea de la muerte, pero no la asumimos.
Para nosotros es algo tan abstracto, que para poder sobrevivir, para poder continuar día a día lo volvemos imposible.
Hacemos que se vuelva algo ajeno a nosotros.
Ni siquiera el que ha vivido muchas bajas está preparado para otra muerte más cuando sucede.
Intentamos que sea algo normal, razonable.
Pero la muerte no es razonable.
Desde bien pequeños enseñamos a los niños que las mascotas se muren, que la planta del balcón se marchita....incluso que las personas nos morimos.
Pero no lo asumimos.
Es una idea que nos resulta tan dolorosa; asumir que nunca más volverás a ver a alguien, que no volverás a escuchar su risa, que ya no habrá más días como los que habéis pasado.
Y por eso, porque la sola idea de imaginar que alguien cercano desaparezca ya nos hace un nudo en la garganta volvemos a la muerte algo etéreo, algo irreal que ocurre a los demás pero no a ti.
Estamos tan acostumbrados a escuchar muertes en la televisión, en los periódicos....que nos volvemos inmunes, que hacemos como que es irreal, como una película mala de sábado por la tarde.
Simple y llanamente para sobrevivir.
Porque solo hay algo peor que la muerte:
el miedo a ella.
No podemos vivir como si en cada esquina nos esperara la parca, porque sencillamente eso no sería vivir.
Pero todo esto es muy bonito hasta se apaga alguien cercano a ti o cercano a alguien que conoces.
Entonces esa certeza de que todos vamos a morir se vuelve pesada, tira de ti hacia abajo.
Te hace apreciar lo que tienes y a los que tienes.
Porque la oscuridad tiene ese poder, de llevarse a alguien, dejando ese horrible sabor de boca y ese vacío en el estómago de, ¿por qué tiene que pasar esto?¿ por qué esa persona?¿por qué ahora?...
Y nos toca continuar, como si la muerte no hubiera roto todos nuestros esquemas al acercarse a tu círculo.
Como si no te sintieras de repente desnudo e indefenso contra algo que no puedes evitar.
Quizás por eso duele tanto,
porque es algo de lo que no puedes escapar y contra lo que no puedes luchar.
Algo contra lo que no te queda más remedio que reponerte, que continuar viviendo con la certeza de que más tarde o más temprano te tocará a ti.
Ayer le tocó a una compañera de la universidad.
Alguien que ni conozco ni conoceré, pero cuya ausencia es un soplo de dolor frío que a mi también me ha rozado.
Esta vez va por ti.
Descansa en paz.
Ese poder de que de un momento a otro en algún lugar del planeta esté naciendo un nuevo ser
Y a la vez, en ese mismo instante, en la otra punta del globo se esté apagando la mecha de otra persona.
"Todos vamos a morir"
Eso es una certeza que todos tenemos.
Algo que desde pequeños sabemos.
Nadie se cuestiona que todos vamos a morir, nadie se plantea nada con relación a esa verdad.
Es algo más cierto incluso que dos más dos son cuatro.
Entonces, ¿por qué si todos sabemos que vamos a morir nos afecta tanto la muerte?
Sea nuestra, de alguien cercano o de una persona que ya nunca tendremos la suerte de conocer.
Simplemente porque crecemos con la idea de la muerte, pero no la asumimos.
Para nosotros es algo tan abstracto, que para poder sobrevivir, para poder continuar día a día lo volvemos imposible.
Hacemos que se vuelva algo ajeno a nosotros.
Ni siquiera el que ha vivido muchas bajas está preparado para otra muerte más cuando sucede.
Intentamos que sea algo normal, razonable.
Pero la muerte no es razonable.
Desde bien pequeños enseñamos a los niños que las mascotas se muren, que la planta del balcón se marchita....incluso que las personas nos morimos.
Pero no lo asumimos.
Es una idea que nos resulta tan dolorosa; asumir que nunca más volverás a ver a alguien, que no volverás a escuchar su risa, que ya no habrá más días como los que habéis pasado.
Y por eso, porque la sola idea de imaginar que alguien cercano desaparezca ya nos hace un nudo en la garganta volvemos a la muerte algo etéreo, algo irreal que ocurre a los demás pero no a ti.
Estamos tan acostumbrados a escuchar muertes en la televisión, en los periódicos....que nos volvemos inmunes, que hacemos como que es irreal, como una película mala de sábado por la tarde.
Simple y llanamente para sobrevivir.
Porque solo hay algo peor que la muerte:
el miedo a ella.
No podemos vivir como si en cada esquina nos esperara la parca, porque sencillamente eso no sería vivir.
Pero todo esto es muy bonito hasta se apaga alguien cercano a ti o cercano a alguien que conoces.
Entonces esa certeza de que todos vamos a morir se vuelve pesada, tira de ti hacia abajo.
Te hace apreciar lo que tienes y a los que tienes.
Porque la oscuridad tiene ese poder, de llevarse a alguien, dejando ese horrible sabor de boca y ese vacío en el estómago de, ¿por qué tiene que pasar esto?¿ por qué esa persona?¿por qué ahora?...
Y nos toca continuar, como si la muerte no hubiera roto todos nuestros esquemas al acercarse a tu círculo.
Como si no te sintieras de repente desnudo e indefenso contra algo que no puedes evitar.
Quizás por eso duele tanto,
porque es algo de lo que no puedes escapar y contra lo que no puedes luchar.
Algo contra lo que no te queda más remedio que reponerte, que continuar viviendo con la certeza de que más tarde o más temprano te tocará a ti.
Ayer le tocó a una compañera de la universidad.
Alguien que ni conozco ni conoceré, pero cuya ausencia es un soplo de dolor frío que a mi también me ha rozado.
Esta vez va por ti.
Descansa en paz.
viernes, 17 de octubre de 2014
Pasajeros al tren
Le recomiendo un tiempo de reposo.- dijo el primer desconocido con el que se cruzó.
Será que quiero ir más allá de donde va la gente.
Que busco otras puertas por las que poder escapar en caso de huida.
O a lo mejor es que busco lo que todos ya tienen y por eso me encuentro sola en este camino.
Aunque tampoco tengo muy claro si quiero compañía.
Me han dicho que a menudo las manos que te sostienen luego son las que más fuerte te empujan.
Y que cuanto más alto llegues más fuerte es la caída.
Será por todo eso y porque me he cansado de sentirme un juguete o de que ni me sientan por lo que he tomado la decisión de tomarme unas vacaciones sentimentales.
Mandar a mi cerebro y corazón a una isla del Caribe con la esperanza que se reconcilien.
Pero mientras tanto prometo intentar ser mejor.
Incluso bajo la suela de un zapato.
Y quién sabe, lo mismo cuando vuelvan de vacaciones ya he encontrado la puerta y ya puedo huir lejos.
Aunque ya veremos si la cierro al salir o decido dejártela entreabierta.
Será que quiero ir más allá de donde va la gente.
Que busco otras puertas por las que poder escapar en caso de huida.
O a lo mejor es que busco lo que todos ya tienen y por eso me encuentro sola en este camino.
Aunque tampoco tengo muy claro si quiero compañía.
Me han dicho que a menudo las manos que te sostienen luego son las que más fuerte te empujan.
Y que cuanto más alto llegues más fuerte es la caída.
Será por todo eso y porque me he cansado de sentirme un juguete o de que ni me sientan por lo que he tomado la decisión de tomarme unas vacaciones sentimentales.
Mandar a mi cerebro y corazón a una isla del Caribe con la esperanza que se reconcilien.
Pero mientras tanto prometo intentar ser mejor.
Incluso bajo la suela de un zapato.
Y quién sabe, lo mismo cuando vuelvan de vacaciones ya he encontrado la puerta y ya puedo huir lejos.
Aunque ya veremos si la cierro al salir o decido dejártela entreabierta.
lunes, 13 de octubre de 2014
Un suspiro en armonía
Más aquí que allí.
No entiendo a la gente esa que echa de menos de lejos, así como en bajito, como de puertas para dentro.
Yo cuando echo de menos lo hago a gritos y con un cartel con letras de neón que dice "vuelve"
No entiendo a la gente que ama mucho en poco tiempo, que se le gastan los besos.
Gente que no les duele recordar.
No entiendo esas parejas que exprimen las relaciones, como si las pagaran por horas.
Amor de saldo es lo que parece.
No entiendo a la gente que te mira de lejos y te ignora cuando le rozas.
No soporto la indiferencia ni el frío azul de la conveniencia.
No entiendo la vida.
No entiendo por qué se le teme a la muerte si lo difícil es el ahora; por qué esperamos el mañana.
Esa gente que no capta las señales, que parece que no notan nada, que parecen ciegos de los sentimientos que provocan en los demás.
Y es que creo que quiero hasta con la mirada.
Esa que tu no controlas,
esa que consideras despistada.
Y es que no entiendo la vida.
Ni a los que echan de menos en bajito
Ni a los que aman rápido y al contado
Ni a los que no lloran al pasado.
Yo solo sé que todos hablando de lo genial que es el cielo.
Pero yo prefiero aspirar a estar entre tus brazos
No entiendo a la gente esa que echa de menos de lejos, así como en bajito, como de puertas para dentro.
Yo cuando echo de menos lo hago a gritos y con un cartel con letras de neón que dice "vuelve"
No entiendo a la gente que ama mucho en poco tiempo, que se le gastan los besos.
Gente que no les duele recordar.
No entiendo esas parejas que exprimen las relaciones, como si las pagaran por horas.
Amor de saldo es lo que parece.
No entiendo a la gente que te mira de lejos y te ignora cuando le rozas.
No soporto la indiferencia ni el frío azul de la conveniencia.
No entiendo la vida.
No entiendo por qué se le teme a la muerte si lo difícil es el ahora; por qué esperamos el mañana.
Esa gente que no capta las señales, que parece que no notan nada, que parecen ciegos de los sentimientos que provocan en los demás.
Y es que creo que quiero hasta con la mirada.
Esa que tu no controlas,
esa que consideras despistada.
Y es que no entiendo la vida.
Ni a los que echan de menos en bajito
Ni a los que aman rápido y al contado
Ni a los que no lloran al pasado.
Yo solo sé que todos hablando de lo genial que es el cielo.
Pero yo prefiero aspirar a estar entre tus brazos
domingo, 31 de agosto de 2014
Parlons des yeux
Tenía la piel bronceada de quien no teme al sol y a ratos se pelea con la luna.
No sabía nada de poesía pero apagaba el mundo con su sonrisa.
No tenía las piernas excesivamente largas, aunque podías perderte en ellas buscando un nuevo amanecer.
En su ombligo escondía mil sueños no cumplidos y con sus dedos ansiaba tocar una sinfonía en las vertebras de tu espalda.
Sus pies habían soportado caminos inexplorados, más salvajes que los que sus labios soñaban recorrer.
Tenía la frescura en las palabras de quien dice lo que piensa y quien solo piensa en colores.
En sus caderas se escondían acordes aún por descubrir
Y en su cuello se encontraban curvas peligrosas con las que te podías ver de frente con la muerte.
Y sus ojos....
Sus ojos mundanos estaban aún llenos de ilusiones y de historias por vivir
Lo que pasa es que todavía nadie se había fijado en ellos.
No sabía nada de poesía pero apagaba el mundo con su sonrisa.
No tenía las piernas excesivamente largas, aunque podías perderte en ellas buscando un nuevo amanecer.
En su ombligo escondía mil sueños no cumplidos y con sus dedos ansiaba tocar una sinfonía en las vertebras de tu espalda.
Sus pies habían soportado caminos inexplorados, más salvajes que los que sus labios soñaban recorrer.
Tenía la frescura en las palabras de quien dice lo que piensa y quien solo piensa en colores.
En sus caderas se escondían acordes aún por descubrir
Y en su cuello se encontraban curvas peligrosas con las que te podías ver de frente con la muerte.
Y sus ojos....
Sus ojos mundanos estaban aún llenos de ilusiones y de historias por vivir
Lo que pasa es que todavía nadie se había fijado en ellos.
miércoles, 23 de julio de 2014
Mirando hacia delante.
No siempre lo que buscamos está al final de un recorrido
¿Sabéis?
Todos deberíamos tener objetivos en la vida, algo por lo que luchar, pero ese algo no debe ser nunca otra persona. Sino estarás dejando tu felicidad y capacidad de logro en las manos de otro.
Planteate tu vida, párate un momento y pregúntate si haces lo que te gusta, si estudias/trabajas en lo que te gusta, si cuando te miras al espejo eres lo que esperabas de ti.
Y si la respuesta es un no.
¡CÁMBIALO!
Atrévete a cambiar lo que no te gusta, a salir de tu burbuja de seguridad y monotonía.
Atrévete a ponerte esa ropa que alguien que no eres tú te dijo que te quedaba mal.
Aprende a tocar el piano, la guitarra, la bandurria o lo que siempre te haya gustado.
Retoma tus clases de baile, de fútbol, de natación...de lo que fuera que te hiciera feliz en su momento.
Mándalo todo a la mierda y tira todo lo que conoces a la basura si hace falta para empezar de cero.
Aléjate de quién no te hace feliz y no te demuestra nada.
Deja atrás lo que te impida seguir adelante.
Ten agallas de vivir tu vida, de ser tú mismo.
Porque nadie lo va a ser por ti, porque nunca te arrepientes de seguir tus sueños, incluso aunque tengas que arrasar con todo por ellos.
Es tu vida.
Deja de intentar demostrarle las cosas a los demás, a tus padres, a tu jefe, a tus profesores, a quien sea.
Empieza a demostrarte a ti mismo.
Lanza los dado y avanza las casillas que te de la gana porque son tus reglas.
Porque solo tenemos una vida.
Y tu eliges qué narices haces con ella.
¿Sabéis?
Todos deberíamos tener objetivos en la vida, algo por lo que luchar, pero ese algo no debe ser nunca otra persona. Sino estarás dejando tu felicidad y capacidad de logro en las manos de otro.
Planteate tu vida, párate un momento y pregúntate si haces lo que te gusta, si estudias/trabajas en lo que te gusta, si cuando te miras al espejo eres lo que esperabas de ti.
Y si la respuesta es un no.
¡CÁMBIALO!
Atrévete a cambiar lo que no te gusta, a salir de tu burbuja de seguridad y monotonía.
Atrévete a ponerte esa ropa que alguien que no eres tú te dijo que te quedaba mal.
Aprende a tocar el piano, la guitarra, la bandurria o lo que siempre te haya gustado.
Retoma tus clases de baile, de fútbol, de natación...de lo que fuera que te hiciera feliz en su momento.
Mándalo todo a la mierda y tira todo lo que conoces a la basura si hace falta para empezar de cero.
Aléjate de quién no te hace feliz y no te demuestra nada.
Deja atrás lo que te impida seguir adelante.
Ten agallas de vivir tu vida, de ser tú mismo.
Porque nadie lo va a ser por ti, porque nunca te arrepientes de seguir tus sueños, incluso aunque tengas que arrasar con todo por ellos.
Es tu vida.
Deja de intentar demostrarle las cosas a los demás, a tus padres, a tu jefe, a tus profesores, a quien sea.
Empieza a demostrarte a ti mismo.
Lanza los dado y avanza las casillas que te de la gana porque son tus reglas.
Porque solo tenemos una vida.
Y tu eliges qué narices haces con ella.
jueves, 17 de julio de 2014
Declaración de una calurosa tarde de verano.
Dicen que las cosas importantes tienes que gritarlas a los cuatro vientos
Aunque posiblemente si yo me asomara a la terraza y gritara todo esto solo conseguiría una bronca de mi madre y asustar a los guiris que están tomándose el helaico en la terraza de abajo.
Así que supongo que esta es mi forma de declararme.
Esta es la manera en la que yo grito al mundo que estoy realmente cansada. (O hasta el toto si no nos queremos poner poéticos)
Me quiero declarar.
Quiero declararme absolutamente en contra de esta absurda sociedad (un poco fuerte la declaración, mira que toda la sociedad es mucha gente)
Me declaro en contra de esa belleza preestablecida que dice que esa chica es más guapa que yo por tener una talla 36, que unos ojos azules son más especiales que los míos que son marrones, que mis piernas no son lo suficientemente sexys porque no miden más de un metro....
O sea que yo me tengo que odiar porque alguien ha decidido que ahora el canon de belleza es ese.
Alguien ha decidido que yo tengo que envidiar los cuerpos de las demás y sentirme mal conmigo misma porque sí.
Quiero decir, que como no tengo cosas en las que pensar, encima me tengo que preocupar porque entre en el canon que se ha decidido.
Pues a mi que me lo expliquen.
Que venga alguien y me diga "mira, una chica que se mata de hambre para poder entrar en una 36 es más guapa que tu por esto, esto y esto.
Esa chica que cuando sale con sus amigas se priva de tomarse su helado favorito para que no le vaya a las cartucheras tienes más fuerza de voluntad que tu por tal tal tal y tal"
Que me lo expliquen, si yo cuando me explican las cosas las entiendo, pero como aún nadie ha sabido justificarme porque esa obsesión absurda por que las chicas de las revistas (que me rio yo de la naturalidad de esas tías) son más guapas que yo y no lo entiendo.
Y mientras seguiré en contra.
Porque me parece una idiotez que las gordas no puedan llevar leggins, que las planas no puedan llevar camisetas con escote, que las rastas estén mal vistas, que los tatuajes quiten oportunidades o que tengas que echarte tres kilos de nocilla en la cara para ir "maquillada" y "guapa"
Los chicos dicen que les gustan las chicas naturales y que sin ser perfectas no tienen complejos.
Ya claro, me rio en tu cara.
(Ojo, no busco generalizar, ni digo que para una relación seria no le quites importancia al físico pero por favor dejemos de hipocresías)
Porque ahora resulta que si no tienes una sonrisa blanca y perfecta no puedes sonreir.
Si no tienes una 90-60-90 no puedes llevar vestidos ajustados.
O si eres muy alta no puedes ponerte tacones.
¿Por qué?
Yo os diré por qué.
Simplemente porque desde pequeños nos bombardean con los estereotipos de belleza, nos lavan el cerebro con campañas publicitarias, anuncios, tallas, maniquís.....y nos vuelven idiotas capaces de provocar el odio propio y el desprecio de los demás.
Y sé que escribir todo esto no sirve de nada.
Ni siquiera aunque lo declarara a voz en grito.
Porque no puedes ir contra todos, porque por muy a gusto que te sientas todo se puede desmoronar con un simple comentario, porque por mucho que digamos a nadie le da igual lo que piensen los demás.
Porque por muy guapa que tu te sientas, el mundo no hará más que buscarte más complejos, buscar algo con lo que hundirte.
Y si no es tu peso será tu nariz, tu frente, tus tetas o tus orejas.
Porque siempre encontraran algo con lo que hacerte daño.
Porque nadie es perfecto.
Y al parecer, a esta estúpida sociedad le cuesta entender que la belleza no es perfecta.
Aunque posiblemente si yo me asomara a la terraza y gritara todo esto solo conseguiría una bronca de mi madre y asustar a los guiris que están tomándose el helaico en la terraza de abajo.
Así que supongo que esta es mi forma de declararme.
Esta es la manera en la que yo grito al mundo que estoy realmente cansada. (O hasta el toto si no nos queremos poner poéticos)
Me quiero declarar.
Quiero declararme absolutamente en contra de esta absurda sociedad (un poco fuerte la declaración, mira que toda la sociedad es mucha gente)
Me declaro en contra de esa belleza preestablecida que dice que esa chica es más guapa que yo por tener una talla 36, que unos ojos azules son más especiales que los míos que son marrones, que mis piernas no son lo suficientemente sexys porque no miden más de un metro....
O sea que yo me tengo que odiar porque alguien ha decidido que ahora el canon de belleza es ese.
Alguien ha decidido que yo tengo que envidiar los cuerpos de las demás y sentirme mal conmigo misma porque sí.
Quiero decir, que como no tengo cosas en las que pensar, encima me tengo que preocupar porque entre en el canon que se ha decidido.
Pues a mi que me lo expliquen.
Que venga alguien y me diga "mira, una chica que se mata de hambre para poder entrar en una 36 es más guapa que tu por esto, esto y esto.
Esa chica que cuando sale con sus amigas se priva de tomarse su helado favorito para que no le vaya a las cartucheras tienes más fuerza de voluntad que tu por tal tal tal y tal"
Que me lo expliquen, si yo cuando me explican las cosas las entiendo, pero como aún nadie ha sabido justificarme porque esa obsesión absurda por que las chicas de las revistas (que me rio yo de la naturalidad de esas tías) son más guapas que yo y no lo entiendo.
Y mientras seguiré en contra.
Porque me parece una idiotez que las gordas no puedan llevar leggins, que las planas no puedan llevar camisetas con escote, que las rastas estén mal vistas, que los tatuajes quiten oportunidades o que tengas que echarte tres kilos de nocilla en la cara para ir "maquillada" y "guapa"
Los chicos dicen que les gustan las chicas naturales y que sin ser perfectas no tienen complejos.
Ya claro, me rio en tu cara.
(Ojo, no busco generalizar, ni digo que para una relación seria no le quites importancia al físico pero por favor dejemos de hipocresías)
Porque ahora resulta que si no tienes una sonrisa blanca y perfecta no puedes sonreir.
Si no tienes una 90-60-90 no puedes llevar vestidos ajustados.
O si eres muy alta no puedes ponerte tacones.
¿Por qué?
Yo os diré por qué.
Simplemente porque desde pequeños nos bombardean con los estereotipos de belleza, nos lavan el cerebro con campañas publicitarias, anuncios, tallas, maniquís.....y nos vuelven idiotas capaces de provocar el odio propio y el desprecio de los demás.
Y sé que escribir todo esto no sirve de nada.
Ni siquiera aunque lo declarara a voz en grito.
Porque no puedes ir contra todos, porque por muy a gusto que te sientas todo se puede desmoronar con un simple comentario, porque por mucho que digamos a nadie le da igual lo que piensen los demás.
Porque por muy guapa que tu te sientas, el mundo no hará más que buscarte más complejos, buscar algo con lo que hundirte.
Y si no es tu peso será tu nariz, tu frente, tus tetas o tus orejas.
Porque siempre encontraran algo con lo que hacerte daño.
Porque nadie es perfecto.
Y al parecer, a esta estúpida sociedad le cuesta entender que la belleza no es perfecta.
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