Eso era todo lo que deseaba...
Nos pasamos la vida siendo espectadores de besos, de reencuentros, de sonrisas y de locuras hechas en nombre del amor.
Vemos a menudo como la gente se equivoca, la vemos llorar y somos fieles seguidores de sus derrotas.
En la vida se nos enseña a decir la verdad, a dar las gracias y a perdonar.
Pero no nos enseñan a decir la verdad con el corazón, a dar las gracias con una sonrisa sincera y a perdonar con las lágrimas en los ojos y el dolor en el alma.
A lo largo de mi vida he tenido la suerte de leer historias de amor de las de verdad, de las que ponen el vello de punta y te hacen pensar y confiar, estúpidamente, que esta sociedad aún tiene salvación.
Pero entonces cierras el libro, apartas las palabras y miras a la realidad.
Nos pasamos la vida viendo besos en la tele y escuchando palabras de amor que en el fondo, no son más que acciones interpretadas por unos actores.
A menudo vemos como en las películas cosas siempre acaban bien, como la amistad triunfa siempre por encima de las cosas.
Y luego somos los primeros que nos cuesta perdonar.
Yo me he propuesto buscarlo.
Buscar alguien que pida perdón, aún con el rostro mojado, alguien que bese de verdad, con la sinceridad de los que nada más que son capaces de ver a la otra persona.
Me he propuesto salir a la calle y ayudar a cualquiera que lo necesite, solo por el placer de ver una sonrisa que no sea la de las fotos falsas de instagram.
Creo que está sociedad está patas arriba, que ha olvidado los valores y lo que de verdad importa.
Pero también creo que aún podemos salvarla.
Porque todos nos equivocamos
y todos tenemos derecho a una segunda oportunidad.
Porque la vida es eso, oportunidades.
Yo ya he empezado a perdonar, que creo que es el primer paso para que la vida, vuelva a merecer un poquito la pena.
Así que ahora, voy a salir a la calle a buscar a gente que como yo
Tenga ganas arreglar y limpiar un poquito el mundo.
jueves, 24 de abril de 2014
domingo, 20 de abril de 2014
Já con J de Sarriu te Jodes
Ya lo decía mamá, las mentiras tienen las patitas muy cortas y los ocultamientos también.
¿Qué hacer cuando alguien sobrepasa la línea?
¿Qué haces cuando alguien te hace algo capaz de darte ganas de tirarlo todo al mar?
Todos nos enfadamos, todos tenemos malos días.
Todos le hemos puesto alguna vez mala cara a alguien que no lo merece o hemos deseado pegarle un puñetazo a una persona que nos importa.
Pero sin cruzar la línea.
Quedándote en eso.
En una pelea, una discusión acalorada, incluso un par de frases un poco fuertes.
Pero sin cruzarla,
Sin irte al otro lado.
Y puede que parte sea culpa mía, de hecho en las peleas las dos partes siempre tienen un poco de culpa.
Y puede que no debiera haberme enterado nunca, al fin y al cabo ese era tú plan.
No debí hacerlo.
No debiste dar pie a que lo hiciera.
Pero la culpa está claro que es mía, por no ser capaz de olvidar, por no pasar página.
Me corte con la estúpida página y ahora esa herida no me deja en paz.
Eras eso, una herida, algo que supongo que con el tiempo se habría curado.
Supongo....¿a mi qué me dices? si no he conseguido curarme.
Y ahora me siento traicionada por la persona que debía estar ahí, acompañándome mientras esa herida se cerraba.
Por la que debía darme la razón incluso aunque no la tuviera ¿para eso están no?
Yo ya me he cansado de intentar cambiar, de intentar hacer las cosas bien, de ir de frente y poner sonrisas.
Me he cansado de querer avanzar y no poder, y cansada de recorrer los mismo metros incluso pensar que podría llegarse a un punto medio.
Pero ya no,
He llegado a lo que la gente llama un punto de inflexión, un lugar de no retorno.
Aunque yo tampoco quiero retornar.
No quiero que esto quede en una pelea sin más, incluso aunque tus explicaciones sean las más convincentes, incluso aunque tengas razón e incluso aunque nada sea lo que parece.
Simplemente no me apetece.
Quiero cerrar el puto libro, prenderle fuego a la estantería e irme tan lejos donde ni el humo se vea.
Me siento traicionada y de verdad que espero que este sentimiento me dure mucho, porque no quiero perdonar, no quiero que se arreglen las cosas, ni que todo vuelva a estar bien.
Porque has cruzado la línea.
Y los amigos, pase lo que pase, nunca lo hacen.
jueves, 17 de abril de 2014
Como la luz de las pesadillas.
Jugando a ser irracional
Hacia tiempo que no me pasaba por aquí, lo cual debe interpretarse como algo bueno ya que cuando suelto estas palabras suele ser por necesidad de expresarme, de soltar lo que llevo dentro y de haceros saber que es lo que pienso
¿Por qué? ¿qué sentido tiene publicar mi vida?
No sé, supongo que por terapia, supongo que porque todos necesitamos contar lo que sentimos o simplemente por algo totalmente irracional.
Y como la razón últimamente en mi vida parece que ha pasado de moda voy a hablaros de la irracionalidad.
Hoy voy a escribir sobre algo que tenemos todos, algo que está presente en la vida del más feliz y del más desgraciado.
Del más rico al más pobre.
Algo que tu también conoces.
Voy a hablar del miedo.
De esa sensación de sudor frío en la espalda, de ese tembleque en la voz y de ese puño que te oprime por dentro.
Y más aún, voy a hablar de los miedos absurdos e irracionales.
Como el miedo a perder algo que te importa.
O alguien demasiado necesario.
Todos hemos tenido alguna vez ese miedo absurdo a contarle algo a nuestros padres, a pedirles permiso para algo que sabes que no te van a dejar cuando, si te paras en frío y lo analizas, ¿qué te van a hacer?
¿Acaso te van a echar de casa? ¿van a dejar de dirigirte la palabra?
No, claro que no.
Pero sin embargo ese miedo absurdo sigue ahí, como una losa que no te deja hacer lo que más deseas.
¿Por qué?
El por qué es eso que yo me llevo cuestionando unos días. Básicamente desde que una mañana me desperté y me dí cuenta de que me importaba una mierda lo que pensaran los demás, de que me daba igual que todos me dijeran que me estaba equivocando solo por hacer lo que de verdad sentía.
Ir en contra de todos solo por el placer de vivir mi vida es lo mejor que he sentido en mucho tiempo.
Así que ahora me dedico a eso, a hacer lo que siento sin preguntar si alguien opinará que está mal, si alguien contará por ahí que Sara está tan loca como para hacer cosas que muchos, a priori, no entienden.
Pero con tus padres es diferente, igual que con las personas que realmente quieres, que de verdad te importan.
No puedes evitar que su opinión te afecte, no puedes mirar para otro lado cuando les escuchas decirte que te equivocas, que cometes un error, incluso cuando no te importe darte de bruces contra el suelo solo por el placer de disfrutar tu vida.
De manera que llevo varios días dándole vueltas a este tema del miedo tonto, del miedo irracional, no a la reprimenda o a las consecuencias.
Dudo que sea miedo a un castigo o algo así.
Es algo mucho más profundo, y sobre todo, doloroso.
Es el miedo más doloroso que existe: el miedo a decepcionar a esa persona que quieres.
El pánico a ver en sus ojos reflejados el dolor, el enfado o incluso, la culpa (muchos padres, por ejemplo, se culpan de los errores de sus hijos)
Y yo creo que es que nadie está preparado para hacer daño a los demás, ni si quiera aunque sepan que se les va a pasar, que en unos meses nadie recordará nada.
Porque ese instante te va a doler.
Y mucho.
Y sé que la gente que te quiere te perdona, te acompaña, incluso cuando no te apoyan o no están de acuerdo.
Pero quizá sea porque ya perdí a personas que prometieron nunca irse.
Porque ya vi el final de muchos "para siempre" que no quiero arriesgarme, no quiero cruzar la línea.
Y estoy decidida a hacerlo, a seguir con mi filosofía de vivir verdaderamente mi vida, sin hacer lo que esperan de mi solo por no llevar la contraria.
Porque si me apetece hacer algo, lo hago. Ya habrá tiempo de arrepentirse después.
Porque todo en esta vida tiene solución salvo la muerte.
Y lo que no tiene solución no merece la pena que te amargue, total, no puedes hacer nada.
Así que creo que voy a echarle valor y por una vez superar mi miedo.
Voy a tomar aire y de paso, alguna decisión.
Porque ya sabéis lo que dicen.
Al miedo, solo se le derrota con recuerdos felices.
Hacia tiempo que no me pasaba por aquí, lo cual debe interpretarse como algo bueno ya que cuando suelto estas palabras suele ser por necesidad de expresarme, de soltar lo que llevo dentro y de haceros saber que es lo que pienso
¿Por qué? ¿qué sentido tiene publicar mi vida?
No sé, supongo que por terapia, supongo que porque todos necesitamos contar lo que sentimos o simplemente por algo totalmente irracional.
Y como la razón últimamente en mi vida parece que ha pasado de moda voy a hablaros de la irracionalidad.
Hoy voy a escribir sobre algo que tenemos todos, algo que está presente en la vida del más feliz y del más desgraciado.
Del más rico al más pobre.
Algo que tu también conoces.
Voy a hablar del miedo.
De esa sensación de sudor frío en la espalda, de ese tembleque en la voz y de ese puño que te oprime por dentro.
Y más aún, voy a hablar de los miedos absurdos e irracionales.
Como el miedo a perder algo que te importa.
O alguien demasiado necesario.
Todos hemos tenido alguna vez ese miedo absurdo a contarle algo a nuestros padres, a pedirles permiso para algo que sabes que no te van a dejar cuando, si te paras en frío y lo analizas, ¿qué te van a hacer?
¿Acaso te van a echar de casa? ¿van a dejar de dirigirte la palabra?
No, claro que no.
Pero sin embargo ese miedo absurdo sigue ahí, como una losa que no te deja hacer lo que más deseas.
¿Por qué?
El por qué es eso que yo me llevo cuestionando unos días. Básicamente desde que una mañana me desperté y me dí cuenta de que me importaba una mierda lo que pensaran los demás, de que me daba igual que todos me dijeran que me estaba equivocando solo por hacer lo que de verdad sentía.
Ir en contra de todos solo por el placer de vivir mi vida es lo mejor que he sentido en mucho tiempo.
Así que ahora me dedico a eso, a hacer lo que siento sin preguntar si alguien opinará que está mal, si alguien contará por ahí que Sara está tan loca como para hacer cosas que muchos, a priori, no entienden.
Pero con tus padres es diferente, igual que con las personas que realmente quieres, que de verdad te importan.
No puedes evitar que su opinión te afecte, no puedes mirar para otro lado cuando les escuchas decirte que te equivocas, que cometes un error, incluso cuando no te importe darte de bruces contra el suelo solo por el placer de disfrutar tu vida.
De manera que llevo varios días dándole vueltas a este tema del miedo tonto, del miedo irracional, no a la reprimenda o a las consecuencias.
Dudo que sea miedo a un castigo o algo así.
Es algo mucho más profundo, y sobre todo, doloroso.
Es el miedo más doloroso que existe: el miedo a decepcionar a esa persona que quieres.
El pánico a ver en sus ojos reflejados el dolor, el enfado o incluso, la culpa (muchos padres, por ejemplo, se culpan de los errores de sus hijos)
Y yo creo que es que nadie está preparado para hacer daño a los demás, ni si quiera aunque sepan que se les va a pasar, que en unos meses nadie recordará nada.
Porque ese instante te va a doler.
Y mucho.
Y sé que la gente que te quiere te perdona, te acompaña, incluso cuando no te apoyan o no están de acuerdo.
Pero quizá sea porque ya perdí a personas que prometieron nunca irse.
Porque ya vi el final de muchos "para siempre" que no quiero arriesgarme, no quiero cruzar la línea.
Y estoy decidida a hacerlo, a seguir con mi filosofía de vivir verdaderamente mi vida, sin hacer lo que esperan de mi solo por no llevar la contraria.
Porque si me apetece hacer algo, lo hago. Ya habrá tiempo de arrepentirse después.
Porque todo en esta vida tiene solución salvo la muerte.
Y lo que no tiene solución no merece la pena que te amargue, total, no puedes hacer nada.
Así que creo que voy a echarle valor y por una vez superar mi miedo.
Voy a tomar aire y de paso, alguna decisión.
Porque ya sabéis lo que dicen.
Al miedo, solo se le derrota con recuerdos felices.
domingo, 9 de marzo de 2014
Viajemos al pasado
Te propongo un juego...
Sí, a ti, al que está leyendo esto.
¡Te propongo un juego!
¿Qué te parece si por un tiempo vuelves a ser tu mismo?
Te propongo mirar a los ojos a la persona que de verdad quieres (oh vamos, deja de negar su existencia, todos sabemos que ese "alguien" existe), te propongo que la mires directamente a los ojos y le digas lo importante que es.
Te animo a decir las cosas a la cara, dejar de esconderte detrás de indirectas en twitter y whatsapp a deshoras.
A abrazar de verdad, con sentimiento.
Te invito a viajar conmigo al pasado.
Te regalo un billete a la realidad.
Donde no hay emoticonos, no hay fotos de fiestas ni videos absurdos.
Donde las cosas son reales, donde los corazoncitos se escribían en las esquinas de los libros de texto y las miradas decían más que mil sms.
El amor se expresaba lanzando piedrecitas a la ventana de la persona querida.
La amistad era un simple café en una terraza mirándoos a la cara, sin tener que estar pendiente de ningún aparato.
Donde una bolsa de chuches en un día triste era la mejor forma de demostrar que esa persona te importaba.
Viajemos al pasado, a las faldas que no enseñaban más de lo necesario.
A los pintalabios rojo pasión y los mensajes en botellas.
Viajemos para sentir lo que la contaminación no nos deja ver.
Eh, ¿qué te parece?
¿Jugamos?
Sí, a ti, al que está leyendo esto.
¡Te propongo un juego!
¿Qué te parece si por un tiempo vuelves a ser tu mismo?
Te propongo mirar a los ojos a la persona que de verdad quieres (oh vamos, deja de negar su existencia, todos sabemos que ese "alguien" existe), te propongo que la mires directamente a los ojos y le digas lo importante que es.
Te animo a decir las cosas a la cara, dejar de esconderte detrás de indirectas en twitter y whatsapp a deshoras.
A abrazar de verdad, con sentimiento.
Te invito a viajar conmigo al pasado.
Te regalo un billete a la realidad.
Donde no hay emoticonos, no hay fotos de fiestas ni videos absurdos.
Donde las cosas son reales, donde los corazoncitos se escribían en las esquinas de los libros de texto y las miradas decían más que mil sms.
El amor se expresaba lanzando piedrecitas a la ventana de la persona querida.
La amistad era un simple café en una terraza mirándoos a la cara, sin tener que estar pendiente de ningún aparato.
Donde una bolsa de chuches en un día triste era la mejor forma de demostrar que esa persona te importaba.
Viajemos al pasado, a las faldas que no enseñaban más de lo necesario.
A los pintalabios rojo pasión y los mensajes en botellas.
Viajemos para sentir lo que la contaminación no nos deja ver.
Eh, ¿qué te parece?
¿Jugamos?
Y si esto es la vida
Reniego
Y si un día te levantas y te das cuenta de que te pasas el día temiendo eso que tanto deseas.
Entonces, ¿qué haces?
¿Qué haces si eso que te atrae te aterra tanto como para dejar pasar el tiempo sin actuar?
¿Qué hacer cuando todos pasan por su lado y nadie lo ve?
¿Por qué nadie lo ve?
Por qué todos disfrutan de ese amor barato sin ser conscientes de en lo que lo están convirtiendo.
Acaso es que no os dais cuenta de que los te quieros ya no valen nada, que las sonrisas pierden su valor y que los besos ahora solo son meras formas de entretenimiento.
Ya no queda nada de aquellos tiempos donde los sentimientos eran sinceros, donde los besos se daban con el corazón y no con la entrepierna.
Esas tardes en las que paseabas de la mano de alguien y no compartiendo la atención con un móvil.
Dime tú, ¿dónde quedaron las cartas de amor?
¿A dónde se fueron las ganas de estar de con alguien solo por el mero hecho de disfrutar de su presencia?
A lo mejor el problema es mio, que me he pasado toda mi infancia leyendo historias de amor donde los personajes hacían locuras el uno por el otro, donde las relaciones no eran "un rollo de una noche", donde la gente esperaba meses solo por un beso en un portal, no como ahora que si tardas más de dos tardes en liarte con alguien ya ni merece la pena....
A lo mejor el problema es mio por pensar que aún queda algo por salvar en esta humanidad corrompida por el simple deseo y las relaciones a través de un estúpida pantalla que solo muestran parte de lo que somos.
Quizá deba irme lejos, aún sabiendo que no podré escapar.
Quizá deba asumir que las publicaciones de amor en el tablón del Facebook son las nuevas muestras de "amor"
Pero me niego a pensar que los jóvenes de ahora de verdad son así, prefiero pensar que debajo de todos esos cables, botoncitos y lucecitas, debajo de todo eso aún sigues quedando sentimientos puros.
Aunque está claro que yo no sé de sentimientos.
Total, al parecer eso no es para mi.
Y si un día te levantas y te das cuenta de que te pasas el día temiendo eso que tanto deseas.
Entonces, ¿qué haces?
¿Qué haces si eso que te atrae te aterra tanto como para dejar pasar el tiempo sin actuar?
¿Qué hacer cuando todos pasan por su lado y nadie lo ve?
¿Por qué nadie lo ve?
Por qué todos disfrutan de ese amor barato sin ser conscientes de en lo que lo están convirtiendo.
Acaso es que no os dais cuenta de que los te quieros ya no valen nada, que las sonrisas pierden su valor y que los besos ahora solo son meras formas de entretenimiento.
Ya no queda nada de aquellos tiempos donde los sentimientos eran sinceros, donde los besos se daban con el corazón y no con la entrepierna.
Esas tardes en las que paseabas de la mano de alguien y no compartiendo la atención con un móvil.
Dime tú, ¿dónde quedaron las cartas de amor?
¿A dónde se fueron las ganas de estar de con alguien solo por el mero hecho de disfrutar de su presencia?
A lo mejor el problema es mio, que me he pasado toda mi infancia leyendo historias de amor donde los personajes hacían locuras el uno por el otro, donde las relaciones no eran "un rollo de una noche", donde la gente esperaba meses solo por un beso en un portal, no como ahora que si tardas más de dos tardes en liarte con alguien ya ni merece la pena....
A lo mejor el problema es mio por pensar que aún queda algo por salvar en esta humanidad corrompida por el simple deseo y las relaciones a través de un estúpida pantalla que solo muestran parte de lo que somos.
Quizá deba irme lejos, aún sabiendo que no podré escapar.
Quizá deba asumir que las publicaciones de amor en el tablón del Facebook son las nuevas muestras de "amor"
Pero me niego a pensar que los jóvenes de ahora de verdad son así, prefiero pensar que debajo de todos esos cables, botoncitos y lucecitas, debajo de todo eso aún sigues quedando sentimientos puros.
Aunque está claro que yo no sé de sentimientos.
Total, al parecer eso no es para mi.
domingo, 2 de marzo de 2014
Curioso
Perdida en la inmensidad de un sentimiento...
Hay cosas que por mucho tiempo que pasen siempre te sorprenden, siempre te dejan esa misma sensación en la boca del estómago, esas ganas de más.
Esa sonrisa sincera en los labios.
Y eso que han pasado 9 años.
Nueve años ya....cómo te cambia la vida en nueve años, la de cosas que te pueden ocurrir en todo ese tiempo, lo mucho que puedes crecer.
Y sin embargo, incluso después de tantas hojas de calendario arrancadas sigo volviendo de las acampadas con ese cansancio tras hacer algo que te encanta, con ese deseo querer más,
Esa sensación no querer volver al mundo real ya que supone que te exploten esa pequeña burbuja de felicidad personal.
Y es que debo admitir que me sigo sorprendiendo de como puedes estar muchísimo tiempo sin ver a una persona y que cuando te la encuentres todo siga igual, volver a revivir esos recuerdos juntos y reírte de lo que ya te reíste una vez.
Contar las mismas historias una y otra vez y que sea como la primera.
Y puede que ya no sea una niña, que hace tiempo que deje de ser tropera y que incluso atrás dejé los comandos pero hay algo que siempre está ahí, ese sentimiento que solo unos pocos tenemos el placer de compartir.
Porque debo admitir que aún me sigo fascinando con todo esto.
Que aún hay algo que me emociona cada vez que cantamos la canción de la despedida.
Porque siempre es verdad que "no es más que un hasta luego, que no es más que un simple adiós"
Y eso,
Para mi es magia.
Hay cosas que por mucho tiempo que pasen siempre te sorprenden, siempre te dejan esa misma sensación en la boca del estómago, esas ganas de más.
Esa sonrisa sincera en los labios.
Y eso que han pasado 9 años.
Nueve años ya....cómo te cambia la vida en nueve años, la de cosas que te pueden ocurrir en todo ese tiempo, lo mucho que puedes crecer.
Y sin embargo, incluso después de tantas hojas de calendario arrancadas sigo volviendo de las acampadas con ese cansancio tras hacer algo que te encanta, con ese deseo querer más,
Esa sensación no querer volver al mundo real ya que supone que te exploten esa pequeña burbuja de felicidad personal.
Y es que debo admitir que me sigo sorprendiendo de como puedes estar muchísimo tiempo sin ver a una persona y que cuando te la encuentres todo siga igual, volver a revivir esos recuerdos juntos y reírte de lo que ya te reíste una vez.
Contar las mismas historias una y otra vez y que sea como la primera.
Y puede que ya no sea una niña, que hace tiempo que deje de ser tropera y que incluso atrás dejé los comandos pero hay algo que siempre está ahí, ese sentimiento que solo unos pocos tenemos el placer de compartir.
Porque debo admitir que aún me sigo fascinando con todo esto.
Que aún hay algo que me emociona cada vez que cantamos la canción de la despedida.
Porque siempre es verdad que "no es más que un hasta luego, que no es más que un simple adiós"
Y eso,
Para mi es magia.
domingo, 23 de febrero de 2014
Agárralo
Se despertó como se despertaba todos los domingos desde que había empezado a entrar el calor, con el pelo revuelto y pegado a la nuca, posiblemente a causa de algún sueño o pesadilla que le había provocado, de nuevo, ese aleteo alocado del corazón dentro del pecho.
Fuera apenas había empezado a salir el sol, aún quedaban los restos de la noche del sábado; aún podía oír las risas de la gente al pasar bajo su balcón.
Se levantó apartando el revoltijo de mantas en las que se había convertido su ordenada cama y de nuevo ese escalofrío que la recorre al apoyar el pie desnudo sobre las frías baldosas la pillo por sorpresa.
Una vez en pie se encogió bajo la camiseta de manga corta que usaba de pijama; podía notar el roce de la tela de algodón en su espalda desnuda, un roce absurdo en comparación con los que ella echaba de menos.
Fue al baño y después de mojarse la cara observo su reflejo en el espejo mientras se concentraba en escuchar el ruido del agua correr, se recogió el pelo de manera despreocupada con una pinza, luego, notando el frío pasar por sus piernas desnudas cogió su móvil, no se molestó en mirar los mensajes y notificaciones que tenía pendientes.
Se acercó al cristal del balcón y ahí se quedó, como cada domingo desde que había empezado a entrar el calor, observando su reflejo en la transparente superficie mientras de fondo, una vez más, el sol salía, ajeno a todo.
De fondo sonaba aquella canción, la que compuso solo para ella, lo único que le demostraba que todo fue real.
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