domingo, 23 de febrero de 2014
Agárralo
Se despertó como se despertaba todos los domingos desde que había empezado a entrar el calor, con el pelo revuelto y pegado a la nuca, posiblemente a causa de algún sueño o pesadilla que le había provocado, de nuevo, ese aleteo alocado del corazón dentro del pecho.
Fuera apenas había empezado a salir el sol, aún quedaban los restos de la noche del sábado; aún podía oír las risas de la gente al pasar bajo su balcón.
Se levantó apartando el revoltijo de mantas en las que se había convertido su ordenada cama y de nuevo ese escalofrío que la recorre al apoyar el pie desnudo sobre las frías baldosas la pillo por sorpresa.
Una vez en pie se encogió bajo la camiseta de manga corta que usaba de pijama; podía notar el roce de la tela de algodón en su espalda desnuda, un roce absurdo en comparación con los que ella echaba de menos.
Fue al baño y después de mojarse la cara observo su reflejo en el espejo mientras se concentraba en escuchar el ruido del agua correr, se recogió el pelo de manera despreocupada con una pinza, luego, notando el frío pasar por sus piernas desnudas cogió su móvil, no se molestó en mirar los mensajes y notificaciones que tenía pendientes.
Se acercó al cristal del balcón y ahí se quedó, como cada domingo desde que había empezado a entrar el calor, observando su reflejo en la transparente superficie mientras de fondo, una vez más, el sol salía, ajeno a todo.
De fondo sonaba aquella canción, la que compuso solo para ella, lo único que le demostraba que todo fue real.
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