domingo, 23 de febrero de 2014
Agárralo
Se despertó como se despertaba todos los domingos desde que había empezado a entrar el calor, con el pelo revuelto y pegado a la nuca, posiblemente a causa de algún sueño o pesadilla que le había provocado, de nuevo, ese aleteo alocado del corazón dentro del pecho.
Fuera apenas había empezado a salir el sol, aún quedaban los restos de la noche del sábado; aún podía oír las risas de la gente al pasar bajo su balcón.
Se levantó apartando el revoltijo de mantas en las que se había convertido su ordenada cama y de nuevo ese escalofrío que la recorre al apoyar el pie desnudo sobre las frías baldosas la pillo por sorpresa.
Una vez en pie se encogió bajo la camiseta de manga corta que usaba de pijama; podía notar el roce de la tela de algodón en su espalda desnuda, un roce absurdo en comparación con los que ella echaba de menos.
Fue al baño y después de mojarse la cara observo su reflejo en el espejo mientras se concentraba en escuchar el ruido del agua correr, se recogió el pelo de manera despreocupada con una pinza, luego, notando el frío pasar por sus piernas desnudas cogió su móvil, no se molestó en mirar los mensajes y notificaciones que tenía pendientes.
Se acercó al cristal del balcón y ahí se quedó, como cada domingo desde que había empezado a entrar el calor, observando su reflejo en la transparente superficie mientras de fondo, una vez más, el sol salía, ajeno a todo.
De fondo sonaba aquella canción, la que compuso solo para ella, lo único que le demostraba que todo fue real.
miércoles, 19 de febrero de 2014
Creando sueños
Viviendo realidades...
Hace 6 meses yo ni imaginaba lo que era compartir casa, lo que era tener alguien a quien llamar "compañera de piso"
Pensaba que era compartir casa con alguien, vivir en el mismo espacio que otras personas, normalmente con personas conocidas.
Podía pensar que era como en las películas, vivir con dos amigas, celebrar cada semana una fiesta donde al terminar pareciera que había pasado un huracán por la casa, usar platos de plástico porque los de verdad normales están en una pila enorme en el fregadero, esperando a que los laven, tener la música a todo trapo las 24 horas o comer pizza cada día.
Ahora sé que las fiestas no son nunca en tu casa, que la que ensucia limpia y que pa música ya tenemos a las de arriba.
Pero hablando de ellas....
Podría decir que nunca he tenido un hermano, pero claramente estaría mintiendo, porque sí que tengo uno (de los mejores además) y aunque ellas no me hacen el desayuno, no me amenazan y chantajean con chivarse a mamá o me enseñan a jugar a la play; cada día me enseñan algo nuevo, me roban la manta del sofá y las peleas para elegir el canal son una versión light de las de hace unos años.
Son esas personitas que cuando llegas de un mal día de clase te escuchan (o no, pero no te interrumpen mientras le cuentas tu vida), son esas que te dicen "¿Espárragos con mayonesa? MAAAAAL SARA MAAAL"
Las que te prestan lo que sea.
Y las que te dejan post-it de ánimo y suerte para los exámenes en el espejo del baño.
Son las mejores compañeras de manta y sofá.
Porque pocas cosas unen tanto como tender la ropa interior de otra persona ♥
Esos grititos cuando vemos fotos de cosas blanditas y achuchables.
Porque la familia no se elige, las amigas te apoyan en todo y las compañeras de piso son la fusión perfecta.
Tan bordes como las amigas, tan cariñosas como la familia.
Con ese punto de calidez propia de las que comparten frigorífico, sudor en el gimnasio y charlas a deshoras.
Y no sé que será de nosotras, de las carreras y futuros trabajos.
No sé si estarán ahí para reirse de nuestros cuadros de macarrones, para ver crecer a Pepi o para aguantar las épocas de exámenes que nos esperan.
No sé si será nuestro último año juntas aquí, si después se acabaran las peleas tontas y los whatsapp haciéndonos bulling mutuamente.
Solo sé que hacéis que estar en el congelador que tenemos por casa sea lo mejor del mundo.
Porque vosotras sois las que aportáis calidez a este puñado de habitaciones, las que hacéis que la universidad sea la mejor época de todas.
Gracias por estar ahí.
Por soportarme (que ya tiene mérito) por todo lo que hemos vivido desde nuestra primer visita a ver casas cuando la Marijose nos dejo tiradas hasta el día de hoy.
Me habéis regalado momentos que no cambio por nada, enseñanzas que no olvidare, fiestas irrepetibles y risas irreemplazables.
Porque lo que une la jarapa ya no lo separa nada.
Siempre seréis mis ángeles de Henry ♥
Hace 6 meses yo ni imaginaba lo que era compartir casa, lo que era tener alguien a quien llamar "compañera de piso"
Pensaba que era compartir casa con alguien, vivir en el mismo espacio que otras personas, normalmente con personas conocidas.
Podía pensar que era como en las películas, vivir con dos amigas, celebrar cada semana una fiesta donde al terminar pareciera que había pasado un huracán por la casa, usar platos de plástico porque los de verdad normales están en una pila enorme en el fregadero, esperando a que los laven, tener la música a todo trapo las 24 horas o comer pizza cada día.
Ahora sé que las fiestas no son nunca en tu casa, que la que ensucia limpia y que pa música ya tenemos a las de arriba.
Pero hablando de ellas....
Podría decir que nunca he tenido un hermano, pero claramente estaría mintiendo, porque sí que tengo uno (de los mejores además) y aunque ellas no me hacen el desayuno, no me amenazan y chantajean con chivarse a mamá o me enseñan a jugar a la play; cada día me enseñan algo nuevo, me roban la manta del sofá y las peleas para elegir el canal son una versión light de las de hace unos años.
Son esas personitas que cuando llegas de un mal día de clase te escuchan (o no, pero no te interrumpen mientras le cuentas tu vida), son esas que te dicen "¿Espárragos con mayonesa? MAAAAAL SARA MAAAL"
Las que te prestan lo que sea.
Y las que te dejan post-it de ánimo y suerte para los exámenes en el espejo del baño.
Son las mejores compañeras de manta y sofá.
Porque pocas cosas unen tanto como tender la ropa interior de otra persona ♥
Esos grititos cuando vemos fotos de cosas blanditas y achuchables.
Porque la familia no se elige, las amigas te apoyan en todo y las compañeras de piso son la fusión perfecta.
Tan bordes como las amigas, tan cariñosas como la familia.
Con ese punto de calidez propia de las que comparten frigorífico, sudor en el gimnasio y charlas a deshoras.
Y no sé que será de nosotras, de las carreras y futuros trabajos.
No sé si estarán ahí para reirse de nuestros cuadros de macarrones, para ver crecer a Pepi o para aguantar las épocas de exámenes que nos esperan.
No sé si será nuestro último año juntas aquí, si después se acabaran las peleas tontas y los whatsapp haciéndonos bulling mutuamente.
Solo sé que hacéis que estar en el congelador que tenemos por casa sea lo mejor del mundo.
Porque vosotras sois las que aportáis calidez a este puñado de habitaciones, las que hacéis que la universidad sea la mejor época de todas.
Gracias por estar ahí.
Por soportarme (que ya tiene mérito) por todo lo que hemos vivido desde nuestra primer visita a ver casas cuando la Marijose nos dejo tiradas hasta el día de hoy.
Me habéis regalado momentos que no cambio por nada, enseñanzas que no olvidare, fiestas irrepetibles y risas irreemplazables.
Porque lo que une la jarapa ya no lo separa nada.
Siempre seréis mis ángeles de Henry ♥
viernes, 7 de febrero de 2014
Del tiempo que nos queda.
Persigamos a la luna
Bailemos entre las estrellas.
Hablemos de montañas rusas, de luces y sombras.
Hablemos de odio y suficiencia.
Hablemos del día que se va, y de los que ya no vuelven.
Hablemos de ese amor que está de moda, el que se mide en emoticonos y últimas conexiones.
Hablemos del miedo a enamorarnos
y del pánico a que nos hagan daño.
Hablemos de amaneceres tintados de rosa y de noches entre sus sábanas.
Hablemos del dolor que te provoca el reír sinceramente,
y de esa pureza que aparece tras las lágrimas.
Hablemos de como nos enfrentamos al nuevo día, de como nos peleamos cada noche.
Hablemos de metas alcanzadas y fracasos dolorosos.
Hablemos de cosas que se rompen y de ese nudo en el estómago.
Hablemos de las famosas mariposas y de la fingida soledad del catorce de febrero.
Hablemos de días normales,
de tardes de buena compañía.
Hablemos de acordes y palabras silenciadas.
Hablemos de palabras impresas y sonrisas dibujadas.
Hablemos de polvo y suciedad,
de heridas sin sanar.
Hablemos a ras de la piel,
sin olvidar hablar en susurros.
Hablemos de espacios, de gentes, de coches en marcha y autobuses que se retrasan.
Hablemos de una pañoleta,
de una canción de infancia.
Hablemos de mares tan profundos donde no seas capaz de ver el fondo
y de esa mano que siempre te acompaña.
Hablemos de ese lunar en el cuello, de cómo sabrán sus labios.
Hablemos de lo que pudimos ser y no fuimos,
de lo que ya nunca seremos.
Hablemos de cielos inmensos donde falten dedos para contar las estrellas.
Hablemos a gritos.
Hablemos de la pieza que no encaja,
de la pantalla que no te pasas.
Hablemos por móvil, a la cara,
o por mensajes en una botella.
Hablemos sin decirnos nada, solo por el placer de mirarnos a los ojos.
Hablemos de cómo sabe el chocolate,
y de la gota de sudor que resbala por tu frente.
Hablemos de cosas adorables,
y hablemos de las promesas que se quedan en el aire.
Hablemos de tus buenos días,
y hablemos de los intentos de despedida.
Hablemos de los hasta pronto que se quedan sin retorno,
de la resaca del sábado y del último abrazo.
Hablemos de fantasmas y horrores que vuelven cada madrugada.
Hablemos de luces apagadas.
Hablemos de números y comas. De vasos medio vacios.
Hablemos de ti y de mi y de los sueños que nos quedan por cumplir.
Hablemos del hueco de tu clavícula, de la forma de tu espalda.
Hablemos de fracasos, desengaños y dulces de navidad
Hablemos de papelitos de colores y dados.
Hablemos del sonido de tu risa,
de tu música.
Hablemos de mis ganas de desaparecer,
hablemos en clave de fa.
Hablemos de vocaciones frustradas.
Hablemos del murmullo que no calla y de mis ganas de abrazarte.
Hablemos de ilusiones, falsas esperanzas,
y canciones a pie de calle.
Hablemos en francés, en inglés o en el idioma de los sueños.
Hablemos del hambre, la injusticia.
Hablemos de las pompas de jabón.
Del olor a nenuco y del calor de la estufa en invierno.
Hablemos de caricias y paseos en bicicleta.
Hablemos de las nuevas experiencias.
Hablemos de montes demasiado altos y de autoestimas demasiado bajas.
Hablemos de la lluvia, los gatos y de tu forma en mi colchón.
Hablemos de ellas y del asqueroso poder del dinero.
Hablemos del peso de un buen libro.
Hablemos de la magia de las primeras veces y del peso de las mantas.
Hablemos de todo y de nada.
Hablemos de lo que quieras, pero hablemos.
Bailemos entre las estrellas.
Hablemos de montañas rusas, de luces y sombras.
Hablemos de odio y suficiencia.
Hablemos del día que se va, y de los que ya no vuelven.
Hablemos de ese amor que está de moda, el que se mide en emoticonos y últimas conexiones.
Hablemos del miedo a enamorarnos
y del pánico a que nos hagan daño.
Hablemos de amaneceres tintados de rosa y de noches entre sus sábanas.
Hablemos del dolor que te provoca el reír sinceramente,
y de esa pureza que aparece tras las lágrimas.
Hablemos de como nos enfrentamos al nuevo día, de como nos peleamos cada noche.
Hablemos de metas alcanzadas y fracasos dolorosos.
Hablemos de cosas que se rompen y de ese nudo en el estómago.
Hablemos de las famosas mariposas y de la fingida soledad del catorce de febrero.
Hablemos de días normales,
de tardes de buena compañía.
Hablemos de acordes y palabras silenciadas.
Hablemos de palabras impresas y sonrisas dibujadas.
Hablemos de polvo y suciedad,
de heridas sin sanar.
Hablemos a ras de la piel,
sin olvidar hablar en susurros.
Hablemos de espacios, de gentes, de coches en marcha y autobuses que se retrasan.
Hablemos de una pañoleta,
de una canción de infancia.
Hablemos de mares tan profundos donde no seas capaz de ver el fondo
y de esa mano que siempre te acompaña.
Hablemos de ese lunar en el cuello, de cómo sabrán sus labios.
Hablemos de lo que pudimos ser y no fuimos,
de lo que ya nunca seremos.
Hablemos de cielos inmensos donde falten dedos para contar las estrellas.
Hablemos a gritos.
Hablemos de la pieza que no encaja,
de la pantalla que no te pasas.
Hablemos por móvil, a la cara,
o por mensajes en una botella.
Hablemos sin decirnos nada, solo por el placer de mirarnos a los ojos.
Hablemos de cómo sabe el chocolate,
y de la gota de sudor que resbala por tu frente.
Hablemos de cosas adorables,
y hablemos de las promesas que se quedan en el aire.
Hablemos de tus buenos días,
y hablemos de los intentos de despedida.
Hablemos de los hasta pronto que se quedan sin retorno,
de la resaca del sábado y del último abrazo.
Hablemos de fantasmas y horrores que vuelven cada madrugada.
Hablemos de luces apagadas.
Hablemos de números y comas. De vasos medio vacios.
Hablemos de ti y de mi y de los sueños que nos quedan por cumplir.
Hablemos del hueco de tu clavícula, de la forma de tu espalda.
Hablemos de fracasos, desengaños y dulces de navidad
Hablemos de papelitos de colores y dados.
Hablemos del sonido de tu risa,
de tu música.
Hablemos de mis ganas de desaparecer,
hablemos en clave de fa.
Hablemos de vocaciones frustradas.
Hablemos del murmullo que no calla y de mis ganas de abrazarte.
Hablemos de ilusiones, falsas esperanzas,
y canciones a pie de calle.
Hablemos en francés, en inglés o en el idioma de los sueños.
Hablemos del hambre, la injusticia.
Hablemos de las pompas de jabón.
Del olor a nenuco y del calor de la estufa en invierno.
Hablemos de caricias y paseos en bicicleta.
Hablemos de las nuevas experiencias.
Hablemos de montes demasiado altos y de autoestimas demasiado bajas.
Hablemos de la lluvia, los gatos y de tu forma en mi colchón.
Hablemos de ellas y del asqueroso poder del dinero.
Hablemos del peso de un buen libro.
Hablemos de la magia de las primeras veces y del peso de las mantas.
Hablemos de todo y de nada.
Hablemos de lo que quieras, pero hablemos.
Con fecha de antes de ayer
He leído tantas veces eso de "como cambian las cosas en un año" y cosas por el estilo que ya ni le prestaba atención; hasta que llega un día que recuerdas perfectamente qué estabas haciendo hace 365.
Dónde estabas, con quién....Todo.
Y entonces es cuando lo ves, cuando te das cuenta.
Y ahora yo me pongo a hacer memoria, aquí, en el tranvía a las ocho y cuarto de la mañana, con la cabeza apoyada en el cristal y recordando qué era de mi hace tan solo un año.
Y hago memoria de los que están, de los que no, de lo que hice, lo que no tenía que hacer. De lo que no conseguí y de mis errores.
¿Me arrepiento?
No sé.
¿Debería?
Tal vez, pero, ¿Acaso no se aprende fallando?
¿Me siento orgullosa?
Para nada.
Pero, ¿acaso puedo hace algo más que vivir con mis demonios? ¿acaso puedo arreglar alguno de los desastres cometidos este último año?
¿y cualquiera de los cometidos mucho antes?
Así que hoy doy un respiro a mi felicidad, salgo de mi burbuja de universitaria con una vida "fácil" que "todo" le sale bien y me permito un momento de silencio.
Un momento de luto por lo que fui, por lo que perdí, por lo que ya no volverá y por todo lo que aprendí a base de caídas y raspones.
Hoy me escapo y me escondo en mis fracasos.
Hoy aprendo de los errores y asumo consecuencias.
Y a ti, felicidades.
lunes, 20 de enero de 2014
Afú
Hablemos de todo menos de mi...
Hablemos de como esta sociedad acaba con los pequeños detalles, de como la felicidad es un emoticono y el enfado una señal baja de Internet.
Hablemos de ese arranque psicótico cuando se te cae el wifi o de ese miedo absurdo cuando te salta el anunció en la pantallita del móvil avisando de que le queda poca batería.
Hablemos del, "oye, ¿me dejas tu cargador?" cuando vamos a casa de alguien o de ese "¿Te has enterado de tal cosa?- si, lo leí en twitter"
Saquemos a la luz ese amor que está de moda basado en últimas conexiones y en que seamos la última con la que habla antes de irse a dormir.
De como la inmensa mayoría de las parejas antes de empezar a salir ya se han dicho Te Quiero por facebook, twitter, whatsapp o a saber qué red social.
Los celos traducidos en cotillearle a todas horas lo que publica en las redes sociales, cuando es su última conexión o cuándo está en línea.
Y es que daría mi móvil, mi ordenador, mi televisión y el portátil desde el que escribo esto por volver a cómo estábamos antes.
Nadie niega los avances de la información, nadie quiere volver a tener que acudir a las pesadas enciclopedias para hacer un simple trabajo de clase, a tener que llamar por teléfono uno a uno a todos tus amigos para quedar una simple tarde o lo aburrido que era no saberte la vida privada de todo el mundo pero....¿Soy la única que desea volver a cómo estábamos antes?
Cuando podías desaparecer sin que al volver tuvieras que reiniciar el móvil porque te han petado el whatsapp, cuando llevabas el móvil encima por seguridad, por si te quedabas tirada en la estación de tren avisar a alguien, y no para mantenerte 45 minutos entretenida usando el 3G.
Cuando nadie sabía a qué hora te acostabas y levantabas porque lo marcaba tu última conexión.
Admítelo, lo último que haces al acostarte y lo primero que haces al levantarte es mirar el móvil.
Yo quiero poder desaparecer sin que nadie me eche en cara " te mande un guasap y un tweet y no lo viste" y yo pensando "Si tan urgente era, ¿no podías llamarme? Si tantas ganas tienes de saber qué tal estoy, como me fue el examen o de verdad querías quedar conmigo ¿no podías llamarme?"
Oh vamos, nos hemos convertido en dependientes del Internet, con la absurda necesidad de saber la vida de gente que ni conoces o poco más que de vista. Con la estúpida manía de tener que estar las 24 horas del día disponible para todo el mundo.
Por no hablar de lo que ahora llaman amor.
Sinceramente, yo no quiero que me manden mensajitos a todas horas, no quiero corazones de colores en mi pantalla del telefono. Quiero un post-it en la puerta diciendo que me echas de menos y visitas inesperadas cuando esté desesperada estudiando en mi fría habitación.
A lo mejor es que soy una antigua, de las que prefieren quedar con la gente y hablar a la cara, de las que reniegan de las tecnologías siendo una adicta más.
A lo mejor es que esta no es mi época, que yo hubiera sido feliz hace 40 años, cuando los sentimientos eran ciertos, cuando las cosas se demostraban y cuando las palabras estaban escritas en papel.
Y a lo mejor algún día me canso, y lo mando todo a paseo. Me quito el 3G y uso el Internet para lo necesario.
Pero la pregunta es
¿Quién estará ahí cuando no sea tan fácil de localizar como una de tus últimas conversaciones de WhatsApp?
Hablemos de como esta sociedad acaba con los pequeños detalles, de como la felicidad es un emoticono y el enfado una señal baja de Internet.
Hablemos de ese arranque psicótico cuando se te cae el wifi o de ese miedo absurdo cuando te salta el anunció en la pantallita del móvil avisando de que le queda poca batería.
Hablemos del, "oye, ¿me dejas tu cargador?" cuando vamos a casa de alguien o de ese "¿Te has enterado de tal cosa?- si, lo leí en twitter"
Saquemos a la luz ese amor que está de moda basado en últimas conexiones y en que seamos la última con la que habla antes de irse a dormir.
De como la inmensa mayoría de las parejas antes de empezar a salir ya se han dicho Te Quiero por facebook, twitter, whatsapp o a saber qué red social.
Los celos traducidos en cotillearle a todas horas lo que publica en las redes sociales, cuando es su última conexión o cuándo está en línea.
Y es que daría mi móvil, mi ordenador, mi televisión y el portátil desde el que escribo esto por volver a cómo estábamos antes.
Nadie niega los avances de la información, nadie quiere volver a tener que acudir a las pesadas enciclopedias para hacer un simple trabajo de clase, a tener que llamar por teléfono uno a uno a todos tus amigos para quedar una simple tarde o lo aburrido que era no saberte la vida privada de todo el mundo pero....¿Soy la única que desea volver a cómo estábamos antes?
Cuando podías desaparecer sin que al volver tuvieras que reiniciar el móvil porque te han petado el whatsapp, cuando llevabas el móvil encima por seguridad, por si te quedabas tirada en la estación de tren avisar a alguien, y no para mantenerte 45 minutos entretenida usando el 3G.
Cuando nadie sabía a qué hora te acostabas y levantabas porque lo marcaba tu última conexión.
Admítelo, lo último que haces al acostarte y lo primero que haces al levantarte es mirar el móvil.
Yo quiero poder desaparecer sin que nadie me eche en cara " te mande un guasap y un tweet y no lo viste" y yo pensando "Si tan urgente era, ¿no podías llamarme? Si tantas ganas tienes de saber qué tal estoy, como me fue el examen o de verdad querías quedar conmigo ¿no podías llamarme?"
Oh vamos, nos hemos convertido en dependientes del Internet, con la absurda necesidad de saber la vida de gente que ni conoces o poco más que de vista. Con la estúpida manía de tener que estar las 24 horas del día disponible para todo el mundo.
Por no hablar de lo que ahora llaman amor.
Sinceramente, yo no quiero que me manden mensajitos a todas horas, no quiero corazones de colores en mi pantalla del telefono. Quiero un post-it en la puerta diciendo que me echas de menos y visitas inesperadas cuando esté desesperada estudiando en mi fría habitación.
A lo mejor es que soy una antigua, de las que prefieren quedar con la gente y hablar a la cara, de las que reniegan de las tecnologías siendo una adicta más.
A lo mejor es que esta no es mi época, que yo hubiera sido feliz hace 40 años, cuando los sentimientos eran ciertos, cuando las cosas se demostraban y cuando las palabras estaban escritas en papel.
Y a lo mejor algún día me canso, y lo mando todo a paseo. Me quito el 3G y uso el Internet para lo necesario.
Pero la pregunta es
¿Quién estará ahí cuando no sea tan fácil de localizar como una de tus últimas conversaciones de WhatsApp?
domingo, 12 de enero de 2014
Veneno del bueno
Hemos venido a jugar...
Hoy hemos venido a hablar a las claras, abramos el cajón de la mierda, saquemos lo que llevamos dentro con la esperanza de que tal vez, a lo mejor, quien sabe, luego nos sintamos un poco mejor, como cuando después de los campamentos de verano deseas llegar a casa para lavarte el pelo y sentirme un poco más humana.
Hablemos de como mi estupidez no me deja dormir, de como mi odio propio me frena a cada paso que doy, por no hablar de cuando me hace retroceder.
Seamos sinceros y digamos a las claras, y públicamente que mi mayor error es sentirme inferior a todo el mundo. Que hasta la persona más ruin, más rastrera y más odiosa tendrá siempre algo mejor que yo.
Y es que una vez mi profesor de geografía me dijo que cuando una persona está sola, siendo tan genial (como todos me pintáis cuya opinión no comparto) es porque algo esconde, porque hay algo raro.
A lo mejor es porque estoy rota.
A lo mejor es porque la única vez que pude sentirme especial me hicieron daño.
A lo mejor es porque a veces rozo lo patético y cruzo la linea de la idiotez.
O simplemente porque nadie es objetivo y puestos a tomar opiniones subjetivas tomo la mía que sin duda es la más distorsionada.
Pero yo hoy venía a hablar a las claras, a desahogarme de verdad, sin metáforas, palabrería bonita y fotos de tumbrlsdlnfsfc
Yo venía a hablar de como me odio, como no lo supero y como nunca conseguiré pasar y seguir con mi vida si no me soporto.
Pensar que nunca seré capaz de querer a nadie porque siempre me sentiré inferior, siempre pensaré "pero ¿cómo puede estar con alguien cómo yo? ¿cómo alguien tan fantástico puedo de entre todas las personas que hay mejores que yo fijarse en mi?"
¡Oh vamos! si hasta a veces pienso que mis amigas no me quieren tanto, que a la gente que le importo no le importo tanto como dice. Que están conmigo por algo, por alguien o por no estar.
¿Por qué siempre que me dicen algo bonito pienso "lo dice por decir" "es por quedar bien" "me dice eso porque, ¿qué me va a decir?"
Y así van casi 19 años de odio supremo, odio insano, odio del que te come por dentro, del que te envenena poquito a poquito.
Porque empiezo a pensar que el problema no es cómo me veo por fuera (lo que no quita que si tuviera un cuerpazo, unos ojos preciosos, una sonrisa de las que enamoran y un pelo de anuncio las cosas serían totalmente diferente) si no como soy por dentro.
Porque absurdo es ver a alguien más gorda que yo y decir "no, si esta delgada" y luego verme a mi y no ser capaz ni de atribuirme un adjetivo como lista, graciosa o simpática.
Y a lo mejor es porque estoy estúpida-sensible por los exámenes, porque necesito un abrazo o porque me canso de quererle en silencio.
O a lo mejor es porque anoche me sentí humillada, desnuda e indefensa en un estúpido grupo de guasap delante de la mayoría de mi clase, que seguro que ni siquiera prestaba atención.
O puede que simplemente no estoy hecha para compartir, si no para la soledad y la amistad a varios pasitos de distancia y sé que me diríais todos, sé que vuestra respuesta en el caso de que me respondierais será que un día alguien me hará cambiar de idea, que tengo que quererme más, que no estoy sola y blablabla ahorraoslo.
Y no sé que pretendo con esto, sé que mendigar cariño no desde luego porque no quiero pensar que alguien pueda leer esto, porque sí, porque soy tan sumamente absurda que publico cosas que no quiero que la gente lea solo porque es lo más parecido a contar las cosas que soy capaz de hacer.
Cansada de ver lo que no soy en todos lados, cansada de desear lo que todos tienen y cansada de, no sé, no poder cambiar tal vez, proponermelo y no lograrlo....ni si quiera sé que quiero.
Tal vez olvidar, tal vez continuar.
Tal vez, simplemente, dejar de tirarme piedras sobre mi propio tejado y empezar a superar y aceptar(me)
Y si has llegado hasta aquí abajo, te pido, de nuevo que te compadezcas, te de penita cual perrito abandonado y cierres el blog, pero sobre todo que mañana, o el viernes, o el martes de dentro de dos meses no me abraces, no nombres esto, no pongas en tu boca mis completos y no me mires como si me conocieras solo por haber metido la punta de tu nariz en una pequeña parte de mis miedos y más bajos odios.
Hoy hemos venido a hablar a las claras, abramos el cajón de la mierda, saquemos lo que llevamos dentro con la esperanza de que tal vez, a lo mejor, quien sabe, luego nos sintamos un poco mejor, como cuando después de los campamentos de verano deseas llegar a casa para lavarte el pelo y sentirme un poco más humana.
Hablemos de como mi estupidez no me deja dormir, de como mi odio propio me frena a cada paso que doy, por no hablar de cuando me hace retroceder.
Seamos sinceros y digamos a las claras, y públicamente que mi mayor error es sentirme inferior a todo el mundo. Que hasta la persona más ruin, más rastrera y más odiosa tendrá siempre algo mejor que yo.
Y es que una vez mi profesor de geografía me dijo que cuando una persona está sola, siendo tan genial (como todos me pintáis cuya opinión no comparto) es porque algo esconde, porque hay algo raro.
A lo mejor es porque estoy rota.
A lo mejor es porque la única vez que pude sentirme especial me hicieron daño.
A lo mejor es porque a veces rozo lo patético y cruzo la linea de la idiotez.
O simplemente porque nadie es objetivo y puestos a tomar opiniones subjetivas tomo la mía que sin duda es la más distorsionada.
Pero yo hoy venía a hablar a las claras, a desahogarme de verdad, sin metáforas, palabrería bonita y fotos de tumbrlsdlnfsfc
Yo venía a hablar de como me odio, como no lo supero y como nunca conseguiré pasar y seguir con mi vida si no me soporto.
Pensar que nunca seré capaz de querer a nadie porque siempre me sentiré inferior, siempre pensaré "pero ¿cómo puede estar con alguien cómo yo? ¿cómo alguien tan fantástico puedo de entre todas las personas que hay mejores que yo fijarse en mi?"
¡Oh vamos! si hasta a veces pienso que mis amigas no me quieren tanto, que a la gente que le importo no le importo tanto como dice. Que están conmigo por algo, por alguien o por no estar.
¿Por qué siempre que me dicen algo bonito pienso "lo dice por decir" "es por quedar bien" "me dice eso porque, ¿qué me va a decir?"
Y así van casi 19 años de odio supremo, odio insano, odio del que te come por dentro, del que te envenena poquito a poquito.
Porque empiezo a pensar que el problema no es cómo me veo por fuera (lo que no quita que si tuviera un cuerpazo, unos ojos preciosos, una sonrisa de las que enamoran y un pelo de anuncio las cosas serían totalmente diferente) si no como soy por dentro.
Porque absurdo es ver a alguien más gorda que yo y decir "no, si esta delgada" y luego verme a mi y no ser capaz ni de atribuirme un adjetivo como lista, graciosa o simpática.
Y a lo mejor es porque estoy estúpida-sensible por los exámenes, porque necesito un abrazo o porque me canso de quererle en silencio.
O a lo mejor es porque anoche me sentí humillada, desnuda e indefensa en un estúpido grupo de guasap delante de la mayoría de mi clase, que seguro que ni siquiera prestaba atención.
O puede que simplemente no estoy hecha para compartir, si no para la soledad y la amistad a varios pasitos de distancia y sé que me diríais todos, sé que vuestra respuesta en el caso de que me respondierais será que un día alguien me hará cambiar de idea, que tengo que quererme más, que no estoy sola y blablabla ahorraoslo.
Y no sé que pretendo con esto, sé que mendigar cariño no desde luego porque no quiero pensar que alguien pueda leer esto, porque sí, porque soy tan sumamente absurda que publico cosas que no quiero que la gente lea solo porque es lo más parecido a contar las cosas que soy capaz de hacer.
Cansada de ver lo que no soy en todos lados, cansada de desear lo que todos tienen y cansada de, no sé, no poder cambiar tal vez, proponermelo y no lograrlo....ni si quiera sé que quiero.
Tal vez olvidar, tal vez continuar.
Tal vez, simplemente, dejar de tirarme piedras sobre mi propio tejado y empezar a superar y aceptar(me)
Y si has llegado hasta aquí abajo, te pido, de nuevo que te compadezcas, te de penita cual perrito abandonado y cierres el blog, pero sobre todo que mañana, o el viernes, o el martes de dentro de dos meses no me abraces, no nombres esto, no pongas en tu boca mis completos y no me mires como si me conocieras solo por haber metido la punta de tu nariz en una pequeña parte de mis miedos y más bajos odios.
miércoles, 25 de diciembre de 2013
Ahogando notas
Desaparece y no olvides cerrar al salir...
Siempre he pensado que dedicarle una canción a alguien son palabras mayores.
Es vincular una persona a una música, hacer que una serie de notas te transporten de una manera mágica a unos recuerdos compartidos.
Y eso es muy bonito, es una manera de afianzar algo.
No es como cuando una canción te recuerda a alguien, una canción te puede recordar a una persona porque sonaba de fondo cuando ocurrió algo, porque la escuchásteis juntos o simplemente porque algo en la letra te hace pensar en ese alguien.
Pero dedicar una canción, regalar una letra, una música, un sentimiento es algo perdurará, que quedará grabado.
Y miles de personas se dedican canciones, se las regalan a cada momento sin ser conscientes de lo que están haciendo.
Porque puede que con el tiempo borres a esa persona de tu vida
Pero nunca, hagas lo que hagas, conseguirás borrar a esa persona de la canción. Siempre que la escuches, por más que lo intentes te recordará a ella.
Siempre he pensado que dedicarle una canción a alguien son palabras mayores.
Es vincular una persona a una música, hacer que una serie de notas te transporten de una manera mágica a unos recuerdos compartidos.
Y eso es muy bonito, es una manera de afianzar algo.
No es como cuando una canción te recuerda a alguien, una canción te puede recordar a una persona porque sonaba de fondo cuando ocurrió algo, porque la escuchásteis juntos o simplemente porque algo en la letra te hace pensar en ese alguien.
Pero dedicar una canción, regalar una letra, una música, un sentimiento es algo perdurará, que quedará grabado.
Y miles de personas se dedican canciones, se las regalan a cada momento sin ser conscientes de lo que están haciendo.
Porque puede que con el tiempo borres a esa persona de tu vida
Pero nunca, hagas lo que hagas, conseguirás borrar a esa persona de la canción. Siempre que la escuches, por más que lo intentes te recordará a ella.
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