jueves, 19 de abril de 2012

Ideas en una servilleta

Quería un cuento de hadas, se tuvo que conformar con una historia en soledad...


Allí estaba ella, las tardes se hacían eternas cuando no estás donde te gustaría y mucho menos con quien desearías.
Rodeada de espejos enfrentada a su mayor demonio: ella misma.
Tener 17 años y no soportarte es como odiar a alguien que no te suelta nunca, que jamás se separa de ti...
Sola, rodead de si misma  y en ropa interior, el espejo le devolvía una imagen de si misma peor de la habitual: la piel seca, los labios cortados y la mirada cansada. En sus manos, últimamente más magulladas de lo habitual sostenía el móvil; más de 50 contactos y nadie a quien llamar, porque ¿de qué serviría llamar a alguna amiga? De esas guapísimas que con la talla 34 te dicen que están más gordas....Simplemente no le apetecía hablar con nadie o bueno si, pero esa era justo la única persona a la que no podría llamar y aún así, sabiendo que no pasará miraba ansiosa la pantalla del teléfono esperando que se iluminara con una llamada que no llegaría nunca. Lo necesitaba. Unas palabras que la salvaran de si misma; pero tras unos minutos de calor, agobio, mareo, grasa y malas caras miraras donde miraras tocaron a la puerta, era el momento de volver a la realidad, de fingir una sonrisa en sus labios cortados por el viento, era el momento de levantarse y seguir viviendo.
Nadie dijo me dijo que crecer fuera fácil,
tampoco yo dije que me fuera a rendir tan fácilmente.




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