viernes, 20 de abril de 2012

A vece lo más seguro no es lo mejor.

Vas por una carretera, sabes que el final es un callejón sin salida pero no frenas. Aceleras.
Tienes dos opciones: parar, dar la vuelta y volver a la carretera normal, con sus demás coches o esa otra opción que tanto te gusta: seguir, seguir incluso sabiendo que te chocas con la pared.
Vas demasiado rápido, el choque será duro, no mortal, pero si difícil.
No sabes qué hacer, el tiempo pasa, la pared cada vez más cerca y tú no levantas el pie del acelerador.
Hay veces en las que merece chocarse contra la pared solo por recorrer el camino.
Y quizás, puede que esta sea una de esas veces.

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